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:: Editorial Verbo Divino :: Autor destacado Miguel Pérez Fernández

Miguel Pérez Fernández

Miguel Pérez Fernández

Hace ya muchos años, casi veinte, que Miguel Pérez llegó a esta Facultad de Filosofía y Letras, a este Departamento de Estudios Semíticos. Allí encontró a un grupo de alumnos, entre los que nos contábamos, a quienes desde sus primeras clases dejó sorprendidos. Sorprendidos por su energía y entusiasmo, sorprendidos por su saber y, de modo especial, por su manera de transmitirlo. Miguel consiguió con aquel grupo de veinteañeros algo que parecía imposible: hacernos sonreír, y a veces reír abiertamente, con las páginas de la Misná o los comentarios del Talmud. Unos textos áridos y complejos se iban convirtiendo con sus explicaciones en todo un apasionante descubrimiento de otros modos de expresión, de otras ideas y valores. El enseñar deleitando fue la constante en sus clases, y la literatura y la lengua del judaísmo clásico despertaron un interés que parecía impensable entre estudiantes de diferentes especialidades. Resultado de su actividad docente y su labor investigadora fue un trabajo clave, La lengua de los sabios, publicado en la Editorial Verbo Divino. Por su envergadura y calidad, este texto no tardó en ser traducido al inglés, lo que le ha convertido en un manual de referencia internacional. Este libro es un modelo del difícil equilibrio entre el cómo conjugar lo que se sabe y el cómo trasmitirlo a los que han de aprender y continuar la labor que el profesor inicia en el aula.


Y en este ámbito de su quehacer, no es el menor de sus méritos su capacidad de crear escuela, de alegrarse con los logros y progresos de sus alumnos como si fueran suyos. Este respaldo y apoyo a cuantos se inician en el camino hacia la investigación y la docencia es una virtud suya y una de las razones del cariño y admiración que tantos le profesamos.

Tampoco renunció Miguel a la hora de enseñar a la que es una de sus grandes pasiones: la informática. Constante y entusiasta también ante el ordenador, con él muchos nos familiarizamos con los rudimentos del WP 5.1, y, desde entonces, una tras otra, nuevas versiones y nuevos programas iban llegando de su mano. Gracias a él escribir hebreo en el ordenador no sólo se hizo posible, sino sencillo, pues la edición “de lujo” de los textos era un reto que divertía a Miguel y nos sorprendía a todos con el resultado.

Por supuesto, y como cabía esperar, no pudo resistirse a las posibilidades de Internet. Fue un de los primeros docentes que se sumó al programa de virtualización de asignaturas de la Universidad de Granada. Con imaginación y esfuerzo autodidacta, elaboró el material para la Historia de la Biblia, un material que vuelve a ser un ejemplo magistral de pedagogía y que, años más tarde, con la coautoría de Julio Trebolle, fue base de un libro editado y acompañado de un CD (Trotta-UGR, 2006).

Pero el Miguel maestro, de energía imparable, que nos ha embarcado desde entonces a quienes fuimos sus alumnos o colegas en las más atrevidas empresas, como fue la edición y traducción de los tratados sobre mujeres de la Tosefta (EVD), es también un investigador incansable. De sobra conocida es su trayectoria en este terreno: fundador y coordinador del ya veterano proyecto “Lengua y literatura del judaísmo clásico”, director de la Biblioteca Midrásica (EVD), colección de gran prestigio internacional en el mundo de los estudios rabínicos, autor de numerosas monografías (Los capítulos de Rabbí Eliezer, Sifre Números o Sifra) y de innumerables artículos. No hay que olvidar tampoco una de sus más acertadas facetas académicas: la traducción de manuales fundamentales para la investigación de la lengua y la literatura hebreas, como la Introducción a la Literatura Talmúdica y Midrásica de Strack-Stemberger, volcadas del alemán, o la más reciente y necesaria gramática del hebreo bíblico de Muraoka, traducida en este caso del inglés.

De su labor en este ámbito de la investigación mucho y bueno puede decirse. Queremos destacar aquí su capacidad para combinar el rigor y la hondura científica con una contagiosa e ilusionante manera de disfrutar de su trabajo. El alto grado de concentración y entrega con los que se consagra a la edición de un texto, a la traducción o estudio que tenga entre manos da paso, una vez las primeras páginas salen de la impresora, a un saber gozar del resultado de su esfuerzo. Porque Miguel no es solo el erudito de despacho y biblioteca, sino que además es el investigador hábil para transmitir, en los más distintos foros, lo conseguido; el estudioso capaz de romper los límites estrechos de áreas de conocimiento minoritarios para hacerlos llegar a un público heterogéneo. Pues crear puntos de encuentro con biblistas, filólogos, teólogos o qumranistas es rasgo distintivo de su actividad investigadora.

No queremos tampoco dejar de recordar que con Miguel llegó la asociación de Estudios Hebreos y Judíos (ya para siempre y por su humor, la “Aserejé”) o sus numerosos proyectos para la Asociación Bíblica Española, cuyas reuniones siempre estimula.
Desde que lo conocimos en Granada, con Miguel aprendimos, y seguimos aprendiendo, lengua y literatura, pero también esos otros saberes que no están en los libros sino que son escuela de vida.

Dice un principio rabínico que la Biblia tiene setenta caras; es decir, que es inagotable en su sentidos. Algo similar puede decirse de Miguel Pérez. Para nosotras sigue siendo un maestro como persona, como docente y como investigador, pues, siguiendo con el lenguaje de los rabinos, a sus pies hemos estudiado y aprendido.

El libro que ahora aparece en la Editorial Verbo Divino reúne, tal vez mejor que ningún otro, dos de sus grandes pasiones: el mundo rabínico y el Nuevo Testamento. Hemos tenido el privilegio de seguir su proceso de elaboración desde que sólo era una idea, y hoy todos tenemos la suerte de poder disfrutar de su resultado, un nuevo ejemplo de su sabiduría y buen hacer.

Aurora Salvatierra Osorio
Olga Ruiz Morell

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