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:: Editorial Verbo Divino :: Autor destacado Xabier Pikaza Ibarrondo

Xabier Pikaza Ibarrondo

Xabier Pikaza Ibarrondo

El 23 de abril, Xabier Pikaza publicó en nuestra casa editorial su nuevo diccionario: "Diccionario de la Biblia. Historia y palabra". Con  este motivo entrevistamos a Xabier.

Dedicas al principio el Diccionario a tus hermanos y sobrinos por su generosidad ¿Qué les agradeces con ello, Xabier?
La amistad y la presencia. Muchas cosas y personas han dejado de estar cuando mi vida ha cambiado o han cambiado otros intereses. Es normal. Pero mis hermanos han estado y están, sin más, y de esa forma han sido, con Mabel, mi mujer, el signo más claro del valor de la Biblia. Lo diré más claro. Un día, hace ya tiempo, les dije en una cena de familia: «Me gustaría escribir un diccionario de Biblia… Pero no sé, eso exige muchos, muchos meses, sin un duro de entrada, y con lo de Mabel sólo…». No me dejaron acabar: «Tú escribe, que aquí estamos…». Solo porque ellos han estado y han cumplido la palabra, sin un solo papel, concediéndome la mayor beca de mi vida, he podido escribir el diccionario. Por eso se lo dedico. También la Editorial Verbo Divino ha estado, como siempre, y me ha concedido un anticipo sustancioso… También de eso, que es parte de la Biblia, en el sentido mejor de la palabra, está escrito este diccionario.

Desentrañas muchos nombres a lo largo de tantas páginas, pero habrá algún personaje bíblico con el que te identificas más cordialmente ¿Cuál?
Éste es, ante todo, un diccionario del Jesús Bíblico, que está de algún modo presente en todas sus páginas y entradas. A su lado, entre los personajes, destacaría a la hija de Jefté y a Magdalena, con Santiago, el hermano, y María, la Madre del Señor. También están en el centro Elías con Moisés, y Pedro con Pablo... No me identifico del todo con ninguno, pero todos forman una parte de mi vida, son el sustrato de mi experiencia vital. Más que un libro, la Biblia es para mí una galería y una casa habitada por personajes en diferentes caminos, centrados en Jesús.

Firmas el prólogo en Madrigalejo del Monte, tu pueblo ¿Qué les contabas a tus vecinos y amigos sobre tu trabajo? ¿Qué entendían ellos de tantos ratos entre libros?
Vinimos a vivir a un pueblo pequeño, pero no hemos entrado en la trama profunda de sus habitantes, honrados, discretos, silenciosos. Me ven escribir tarde y mañana y me llaman el escritor, con inmenso respeto hacia mí y hacia mi mujer… He regalado entre ellos algunos de mis libros. También al párroco que viene lleno de respeto por la casa y a dos o tres presbíteros vecinos. Pero la red de mis relaciones personales, desde el contexto bíblico, se nutre de otras presencias, por viajes y lecturas, por cartas y correo electrónico, por conferencias y encuentros personales.

¿No sentiste una ruptura al dejar la Universidad?
Sentí una ruptura y una gran liberación. He enseñado durante treinta años en la Universidad Pontificia de Salamanca, a la que estoy profundamente agradecido. Pero al final, las relaciones institucionales se hicieron difíciles, de manera que mi retiro en un pueblo muy aislado ha sido una liberación personal e incluso académica. He perdido otras seguridades de tipo académico y económico, pero he ganado en libertad y en afecto (con Mabel, mi mujer). He aprendido a ser mejor cristiano, más tolerante, más católico. Sólo así he podido terminar de escribir este diccionario y otras obras que tengo entre manos. De todas formas, tanto a Mabel como a mi nos gustaría volver a Salamanca, y, Dios mediante, lo haremos pronto.

Pero ¿no te has encerrado demasiado? ¿No te has separado de los campos de estudio bíblico?
En un nivel superficial, quizá sí. Pero en un nivel profundo estoy mucho más cerca de muchas realidades eclesiales y sociales. Sigo día a día la marcha de la iglesia y digo mi palabra en ella a través de mi blog,
donde escucho, escribo, comento temas bíblicos: presento libros, expongo el evangelio del domingo, abro discusiones que siguen, día a día, más de mil personas, sea de un modo directo, sea a través de los multiplicadores informáticos (como Google, MSN, etc.).

En tu prólogo presentas y ofreces la Biblia como una Palabra existencialmente rica para todo hombre y mujer de nuestro siglo. ¿Qué te lleva a esta convicción?
La Biblia no es el único, hay otros libros que han marcado la historia y cultura de los hombres (el Corán o el Tao, los Vedas o la Tripitaka, etc.). Pero los cristianos sentimos que ella es nuestro Libro (“el Libro”), pues traza una ruta por la que caminamos para ser de verdad lo que somos. Mi diccionario es una especie de “mapa del Libro” que guía a los lectores por su Calle Real, que va del Génesis al Apocalipsis, pasando por la Plaza Mayor de los evangelios. Pero el Libro tiene otras calles y barrios que apenas conocemos, de manera que nos hace de experto y nos lleva por el Arrabal del Levítico y la Plazoleta del Deuteronomio, por la Acrópolis de Pablo o por la Alameda de Juan, con las Murallas del Apocalipsis… Yo he recorrido con maestros y amigos algunos de esos caminos menores o más escondidos de la Biblia, y ellos me han enseñado a ser lo que soy. La experiencia ha sido tan hermosa que he querido trasmitirla en este diccionario, que forma una especie de guía o mapa de la Biblia.

Llama la atención, Xabier, tu afán por hacer accesible, comprensible y significativa la Palabra hoy. ¿Qué retos crees que tendríamos que afrontar dentro de la Iglesia en este sentido?
La Biblia es el libro de la Iglesia, el único que se lee y comenta de verdad en la liturgia… Todos los demás, incluidos los Catecismos y el Código del Derecho Canónico, los Concilios y los Documentos Pontificios, pueden ser importantes, pero vienen en tercer o cuarto lugar. Yo quiero que la Iglesia siga siendo el espacio donde se lee la Biblia como palabra de todos, una Palabra cristiana, que nos permite dialogar con judíos y musulmanes y con hombres y mujeres de otras religiones y culturas. Pienso que este Diccionario podrá servir de ayuda para que los creyentes entiendan mejor su Biblia, sabiendo lo que son, para dialogar también mejor con los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Entendida así, la Biblia abre caminos: cerrarse sólo en ella es no entenderla. Sólo avanzando “a partir de ella” podemos comprenderla.

Después de 40 años de trabajo en una obra de esta magnitud, ¿qué siente el autor un mes antes de que tanta dedicación y trabajo riguroso pueda estar en las manos y bibliotecas de tantos otros?
No me lo recuerdes… Hace cuarenta años obtuve mi licenciatura en el Bíblico de Roma. Entonces me apasionaban los salmos hebreos y los libros de la historia más antigua, después de haber pasado mis últimos años de teología dialogando con Kant y con Hegel. Empezó un tiempo distinto: viví unos años con David y los cautivos de la gola de Babilonia. Con la gran ilusión de la Biblia llegue a la Universidad Pontificia de Salamanca el año 1972. Después han pasado muchas cosas: compromisos eclesiales, cursos diferentes, nuevos estudios, dificultades académicas, nuevas dificultades… Al recoger de alguna forma esos cuarenta años en este diccionario siento que el camino ha merecido la pena, al menos para mí y para mi mujer y mis hermanos… Creo que también ha merecido la pena para otros, en la Orden de la Merced y en la Pontificia de Salamanca… Me quedan algunos amigos. Tengo alumnos y conocidos en casi todo el mundo. Espero que muchos de ellos puedan recibir este libro como expresión de un camino compartido, de una presencia cordial.

Son muchos los libros que llevas editados con EVD (Para vivir la oración cristiana, Para vivir el Evangelio: Lectura de Marcos, Para descubrir el camino del Padre, Dios judío, Dios cristiano, La nueva figura de Jesús, Monoteísmo y globalización, Apocalipsis)... ¿De cuál de ellos guardas un recuerdo más entrañable?
De todos. Cada uno de ellos forma un momento de mi vida. Me quedaría con los comentarios bíblicos (a Marcos, al Apocalipsis…). Me gustaría seguir escribiendo un comentario a Mateo, pero eso necesita tiempo, años de vida y salud y de libertad. Ello depende también de mis tareas en la cultura religiosa de mi entorno. Estoy escribiendo un pequeño diccionario de las religiones monoteístas.

Xabier, si miras hacia atrás, hacia dentro, hacia delante, ¿con qué trazos pintarías tu autorretrato de forma que definiese tus rasgos personales esenciales?
Soy vasco de raíz y escribo en la lengua de Castilla, donde habito, pero mi pensamiento deriva sobre todo de las Escritura judías y cristianas, que me han permitido entender algo mejor los problemas básicos de una humanidad amenazada por la opresión y exclusión de gran parte de sus gentes. Me interesó desde el principio la lectura comprensiva (razonada) de la Biblia, en la línea de los grandes exegetas antiguos (Filón, Orígenes, etc.) y eso me llevó a estudiar y destacar sus valores teológicos, de manera que he intentado que ella sea espacio de reflexión común y encuentro liberador. He dejado (me han «invitado» a dejar) la institución académica y jerárquica, pero no me encuentro aislado. Somos muchos los que, en perspectivas confesionales (protestantes, católicas, etc.) y no confesionales, estamos descubriendo algo que la exégesis antigua (judía y cristiana, protestante y católica) sabía por con-naturalidad creyente: que la Palabra de Dios sólo es verdadera en la medida en que se vuelve fuente de verdad compartida y de gracia, desbordando el nivel de la pura justicia legal. Desde ese fondo he querido elaborar la teología, no como un oficio, ni tampoco como un arte de sobrevivir, sino como una forma de expresar la fe cristiana, desde el contexto de la vida, con amigos y compañeros, estudiantes y colegas, a quienes debo lo mejor de mí mismo, en línea de fe y justicia, de comunicación y gozo, de arraigo y apertura eclesial.

Y si tuvieses que escribir tus memorias, ¿tendrían un subtítulo bíblico?
He escrito por dos o tres veces mis memorias, en Las siete palabras de X. Pikaza, PPC, Madrid 1997 y en J. Bosch (ed.), Panorama de la teología española, Verbo Divino, Estella 1999, pp. 499-516 y en Diccionario de teólogos contemporáneos, Monte Carmelo, Burgos 2004. Algún día, tras diez años de distancia y cercanía bíblica, que han sido esenciales en mi visión de la vida, de la Iglesia y de la fidelidad a Jesús, me gustaría poner una segunda parte a mi libro de Las siete palabras. Un buen subtítulo podría ser Simplemente católico.

Para terminar, Xavier, nos gustaría escribir tu personal decálogo. ¿Qué diez palabras subrayarías en la Biblia para componerlo?
La siete palabras de mi libro de 1977 fueron Tierra, Libertad, Libro, Mesías, Palabra, Comunidad, Carne. Todas ellas están, de un modo o de otro, en el fondo de este diccionario, y así forman de algún modo su “nervio vital”. Ahora añadiría quizá alguna más, hasta formar diez: Gracia, Justicia, Resurrección, Futuro...

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