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José Luis Sicre, Doctor en Sagrada Escritura, profesor de la facultad de Teología en Granada, no es precisamente “un novelista al uso”; sin embargo mucha gente lo conoce por ser el autor de El cuadrante, historia novelada de los evangelios que ya va por la 9º edición.


Hemos querido que nos contara, en tres respuestas, la historia de esta aventura personal que le ha llevado a narrar, de una forma tan amena y apasionante, la historia de cada evangelio y después en la siguiente trilogía Hasta los confines de la tierra, la historia de los Hechos de los apóstoles y de las cartas de Pablo.


¿Cómo surgió en ti la inquietud de escribir narrativa bíblica?


No recuerdo el cómo, pero sí el cuándo: hacia 1985 o 1986. Por aquel tiempo era yo Decano de la Facultad de Teología de Granada y no disponía de tiempo para investigar. Quizá por eso se me ocurrió usar un procedimiento menos exigente para exponer el mensaje de la Biblia: contar. El primer intento, lejanamente inspirado en “Cinco horas con Mario”, de Delibes, era un soliloquio de Abrahán tras la muerte de Sara, en el que iba recordando su historia. Creo que no pasé de la primera página. El segundo intento, más complejo, se centró en el libro de Amós, mezclando dos historias: por una parte, el profeta volvía a la tierra y leía su libro; por otra, yo lo explicaba a un grupo de alumnos de visita a Israel. Los dos primeros capítulos del libro de Amós fluyeron muy bien, pero me atranqué en el tercero y lo dejé. Debe andar por algún sector perdido del disco duro...


¿Y cómo llegaste por fin a escribir tu primera novela?


A la tercera fue la vencida, y de la manera más inesperada. Un jesuita muy amigo, Francisco Naranjo, me preguntó qué introducción al Antiguo Testamento podía servir de texto para unos profesores de religión que estaban estudiando Teología. Ninguna de las introducciones habituales me gustaba plenamente: unas eran muy técnicas, otras muy superficiales. Entonces les escribí unos apuntes que, más tarde, se convirtieron en la Introducción al Antiguo Testamento, que va ya por la 9ª edición. Por cierto, el título que yo le puse era más expresivo: Introducción amena y práctica al Antiguo Testamento. Porque eso es lo que pretendía: enseñar entreteniendo y sugiriendo lecturas concretas del texto bíblico. Pero la editorial prefirió un título más conservador.


En realidad, la Introducción al Antiguo Testamento no era una obra narrativa, sino que utilizaba recursos narrativos en ciertos momentos: para exponer las diversas teorías sobre la formación del Pentateuco, el interés de las leyes de Israel, la formación de la Historia deuteronomista.


El siguiente paso vino también de la mano de Francisco Naranjo, cuando me pidió que escribiese algo parecido sobre el Nuevo Testamento. Entonces, poco a poco (sería muy largo contarlo con detalle) fue surgiendo El cuadrante, una trilogía centrada en los evangelios y el mundo de Jesús, que continuaría luego con otra trilogía, Hasta los confines de la tierra, dedicada a los Hechos de los Apóstoles y las cartas de Pablo.


¿Cuáles fueron tus escollos principales cuando te pusiste manos a la obra? ¿Te ha merecido la pena todo el esfuerzo, personalmente hablando?
 
Los momentos más duros se me presentaron al comienzo de cualquier volumen, pero los peores fueron los que precedieron a Hasta los confines de la tierra. Desde que terminé El cuadrante, en 1996, me insistían en que escribiera algo parecido sobre los Hechos de los Apóstoles y las cartas de Pablo. Sin embargo, todos los enfoques que se me ocurrían me resultaban inválidos. Estaba convencido, no sé por qué, de que debía utilizar personajes nuevos (Tito, Timoteo, Áquila, Priscila), y eso me imposibilitó escribir nada durante años.


Hasta que una noche (fue una noche, en la cama), advertí que los protagonistas podían seguir siendo Andrónico y su familia. Desde entonces, todo resultó fácil, aunque a veces cuesta mucho idear algo que ayude a presentar de manera atractiva escritos tan densos como las cartas de Pablo.


La mayor gratificación personal es ver que mucha gente se ha interesado por el Antiguo Testamento y los evangelios gracias a esos libros. Aunque resulte inmodesto, no me extrañó, porque confiaba plenamente en la validez del recurso, aparte de lo interesante del tema.


Gracias, José Luis, por compartir con nosotros.

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