Decía un rabino muy sabio que la Torá (el libro de la Ley de Moisés) sirve para todo, y no hay problema de la vida que no pueda ser iluminado por un versículo del libro sagrado. Para cualquier caso que alguien de su comunidad le planteara encontraba una sentencia adecuada. Los llevaron a un campo de exterminio nazi y seguía diciendo: “La Torá sirve para todos, incluso para vivir en un campo de concentración”, y recitaba versículos para dar ánimo a sus compañero de desgracia. Y cuando los llevaban a la cámara de gas todavía dijo: “La Torá sirve para todo, incluso para morir”, y los acompañaba con pasajes pertinentes de la Ley.
Creo que también del Salterio se puede decir que sirve para todo, y que puede iluminar cualquier situación, aunque no sea tan dramática como la de aquellos judíos cruelmente exterminados. Aunque para los judíos la Torá es lo más sagrado de toda la Biblia, los salmos se prestan más a estas aplicaciones puntuales, porque por su género poético se prestan a múltiples y variadas interpretaciones.
Hace años las floristerías emprendieron una campaña con el lema “Dígalo con flores”. Querían fomentar el envío de flores para expresar, decían que mejor que por carta, los sentimientos ante cualquier eventualidad, alegre o triste. ¿Por qué no hacemos lo mismo con los salmos? ¡Dígalo con salmos! Buscar un versículo de salmo para felicitar a los padres por un nuevo hijo, a unos novios por su matrimonio, a un universitario que se ha doctorado, a un/una religioso/a en su profesión, o su jubileo. O bien para dar el pésame por un acontecimiento luctuoso. Esto obliga a empaparse de los salmos, tener medio memorizado el Salterio, como aquel rabino tenía asimilada la Torá, para que ante cada situación aflore el versículo adecuado.
Para este llamémosle juego de la aplicación de frases de salmos hay de dejar correr la imaginación, y hasta me atrevería a decir que también el buen humor, sin mengua del respeto que siempre nos ha de merecer la Palabra de Dios. Daba una vez un cursillo sobre los salmos a unas religiosas, y les puse como ejercicio buscar versículos para distintas destinaciones: para un póster de Adviento, de Navidad, de Cuaresma, de Pascua, del día de las misiones, o de la vida consagrada; para poner en el frontal del altar, o en el sagrario, o en el comedor, en un recordatorio de primera comunión, o de profesión religiosa. Me atreví a pedir un versículo “para felicitar al capellán de la comunidad, a quien acaban de hacer obispo”. Una de aquellas religiosas puso: “Entra en el lugar de tu reposo” (es la versión que entonces circulaba del salmo 132,8).
Y ahora, bromas aparte, pregunto muy seriamente a cada uno de mis contertulios: ¿qué frase de salmo escogerías como lema de toda tu vida?
Hilari Raguer