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Lunes de la 5ª semana del T.O

Anteriorlunes, 11 de febrero de 2019 Siguiente

Lecturas Bíblicas
Génesis 1, 1-19
103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 24 y 35c
Marcos 6, 53-56
Liturgia
Color Verde
Ciclo C
Semana Salterio I
Nuestra Señora de Lourdes

Cita del día

Dios crea el mundo a través de su palabra. O, más exactamente, según el esquema de un mandato y de su ejecución: «Dios dijo: “Sea”. Y así fue». Viene, a continuación, una valoración que aparece las siete veces (aunque no precisamente al final de cada día): «Y vio Dios que era bueno».
Esta valoración divina de las cosas creadas tiene una gran importancia. Dios aprecia las cosas que hace, las encuentra bellas, bien hechas, se complace en ellas. Pero no sólo esto: el estribillo que expresa la belleza de cada criatura es el mismo estribillo que acompaña a la oración de Israel, que se repite con mayor frecuencia en el libro de los Salmos: «Alabad al Señor, porque es bueno» (en hebreo se emplea exactamente las mismas palabras).
Así, la primera página de la Escritura presenta un desarrollo litúrgico, constituye una especie de doxología inaugural de toda la Biblia. La bondad de las criaturas corresponde a la bondad del Creador. Reconocer la bondad de las criaturas significa alabar a su Creador. Pero también es verdad la inversa; a saber, que la alabanza del Creador, la oración, es la condición para descubrir la bondad de la creación y, eventualmente, restituirla. ¡Qué significativo es todo esto para nosotros!
De hecho, nos mostramos muchas veces incapaces de captar la belleza-bondad de lo que existe, prisioneros de la mirada económica que plantea de inmediato esta pregunta: «¿Para qué me sirve?», «¿cuánto me renta?» El contacto con Dios, que ha venido entre nosotros, con Jesús, nos abre a cada uno el espacio de la curación que permite ver la verdad de lo creado y, en él, nuestra propia verdad.

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Ferias del Tiempo Ordinario Lectio Divina para cada día del año: Ferias del Tiempo Ordinario

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
Génesis 1, 1-19

Comienzo del libro del Génesis

Al principio creó Dios los cielos y la tierra.
La tierra era una masa caótica
y las tinieblas cubrían el abismo,
mientras un viento impetuoso
sacudía la superficie de las aguas.
Entonces dijo Dios:
    —¡Que exista la luz!
    Y la luz existió.
    Al ver Dios que la luz era buena,
    la separó de las tinieblas,
    llamando a la luz «día»
    y a las tinieblas, «noche».
    Vino la noche, llegó la mañana:
    ese fue el primer día.

Y dijo Dios:
    —¡Que exista el firmamento
    y separe unas aguas de otras!
    Y así sucedió.
    Hizo Dios el firmamento
    y separó las aguas que están abajo,
    de las aguas que están arriba.
    Y Dios llamó «cielo» al firmamento.
    Vino la noche, llegó la mañana:
    ese fue el segundo día.

Y dijo Dios:
    —¡Que las aguas debajo del cielo
    se reúnan en un solo lugar,
    para que aparezca lo seco!
    Y así sucedió.
    Dios llamó «tierra» a lo seco
    y al conjunto de aguas lo llamó «mar».
    Y vio Dios que esto era bueno.  
 

Y dijo Dios:
    —¡Que la tierra se cubra de vegetación;
    que esta produzca plantas con semilla,
    y árboles que den fruto con semilla,
    cada uno según su especie!
    Y así sucedió.
    Brotó de la tierra vegetación:
    plantas con semilla
    y árboles con su fruto y su semilla,
    todos según su especie.
    Y vio Dios que esto era bueno.
    Vino la noche, llegó la mañana:
    ese fue el tercer día.

Y dijo Dios:
    —¡Que haya lumbreras en el firmamento
    para separar el día de la noche,
    para distinguir las estaciones,
    y señalar los días y los años;
    para que luzcan en el firmamento
    y así alumbrar la tierra!
    Y sucedió así.
    Hizo Dios los dos grandes astros:
    el astro mayor para regir el día,
    y el menor para regir la noche.

También hizo las estrellas.
Dios puso en el firmamento
astros que alumbraran la tierra:
los hizo para regir el día y la noche,
para separar la luz de las tinieblas.
Y vio Dios que esto era bueno.
Vino la noche, llegó la mañana:
ese fue el cuarto día.

Salmo:
103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 24 y 35c

R/. Que el Señor se goce con sus obras.

      ¡Bendice, alma mía, al Señor! 
          Señor, Dios mío, qué grande eres; 
          de gloria y majestad te vistes. 
          Como un manto te envuelve la luz. R/.

      Afirmaste la tierra sobre sus cimientos 
          y nunca jamás podrá derrumbarse. 
          Como vestido le pusiste el océano, 
          hasta los montes se alzaban las aguas. R/.

      Tú conviertes a los manantiales en ríos 
          que serpentean entre montañas;
          en sus orillas moran las aves del cielo 
          que entre las ramas andan trinando. R/.

      ¡Qué abundantes son tus obras, Señor! 
          Con tu sabiduría las hiciste todas, 
          la tierra está llena de tus criaturas. 
          ¡Bendice, alma mía, al Señor! R/.

Evangelio:
Marcos 6, 53-56

Lectura del santo evangelio según san Marcos

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, cruzaron el lago, tocaron tierra en Genesaret y atracaron allí. 
Cuando desembarcaron, la gente reconoció enseguida a Jesús y de toda aquella región se apresuraron a llevar en camillas a toda clase de enfermos a donde habían oído que estaba Jesús. 
Y allí adonde él llegaba, ya fueran aldeas, pueblos o caseríos, ponían a los enfermos en las plazas y le suplicaban que les permitiera tocar aunque solo fuera el borde del manto. Y cuantos lo tocaban recuperaban la salud.

Color verde
Este color simboliza esperanza, paz, serenidad y ecología. Es usado durante el Tiempo Ordinario, en los feriados y los domingos que no exigen otro color (solemnidades, fiestas de santos).
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