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32º Domingo del T.O

Anteriordomingo, 12 de noviembre de 2017 Siguiente

Lecturas Bíblicas
Sabiduría 6, 12-16
62, 2. 3-4. 5-6. 7-8
1 Tesalonicenses 4, 13-18
Mateo 25, 1-13
Liturgia
Color Verde
Ciclo A
Semana Salterio IV
Josafat
32º Domingo del T.O
Comentario del día

Jesús hace una separación radical entre «sensatos» y «necios». Los primeros son previsores y están atentos a la realidad; son «espabilados»; saben «leer» los movimientos de la vida, de las personas, los acontecimientos, y se preparan antes de que sucedan. Los segundos, los «necios», viven fuera de la realidad, no entienden los avisos, las llamadas de atención; están despreocupados y despistados en la vida. Esta parábola, real y clara, de las diez vírgenes que esperan al esposo, Jesús la aplica a la necesidad de la vigilancia, virtud del discípulo. Desconocemos el día y la hora en que nos encontraremos ante el Padre del cielo, no podemos ser necios, despistados ni atolondrados. La vida es un don que hay que vivir con intensidad y bien despiertos. La esperanza no significa relajación.

Cita del día

El año litúrgico está llegando al final y la Iglesia lanza muna mirada de fe hacia «las cosas últimas» para subrayar los principios fundamentales de la sabiduría humana y cristiana. El libro de la Sabiduría nos invita a hacer de la Palabra de Dios el principio orientador de la vida: «Quien madrugue para buscarla no se fatigará, pues la encontrará sentada a sus puertas. Meditar sobre ella es prudencia consumada» (6,14ss). Vivimos en una sociedad, en muchos momentos, improvisada, instintiva, superficial, impulsiva e irreflexiva, de aquí que sea tan útil la llamada a ser sabios y a concentrarnos en lo esencial. 
También la parábola de las diez vírgenes nos invita a estar preparados y ser previsores, sin olvidar que somos peregrinos del Señor. Todos tenemos necesidad de ser sabios, y no importa la edad, y de ajustar nuestras ideas, elecciones, comportamientos y decisiones. La verdadera sabiduría, de la cual hablan las Escrituras, es un don, desciende de Dios y se implora con paciencia y perseverancia. También la sabiduría ha de ser buscada, deseada y amada por nosotros. Para apropiarnos de ella es necesario ponderar y velar sin perderse en comportamientos vanos y estériles. Se anticipa a quien la desea y sale al encuentro de quienes son merecedores de ella. Esta sabiduría, llena de vida, fe y ahínco evangélico, está estrechamente vinculada con el anhelo del corazón por las realidades del más allá y la espera vigilante del Señor, el Esposo que debe venir, el impulso que nos mantiene fieles al cielo y a la tierra.

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Domingos del Tiempo Ordinario Lectio Divina para cada día del año: Domingos del Tiempo Ordinario

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
Sabiduría 6, 12-16

Lectura del libro de la sabiduría

Radiante e inmarcesible es la sabiduría; 
se deja descubrir por los que la aman 
y quienes la buscan terminan encontrándola; 
y es que para aquellos que la anhelan, 
ella misma se anticipa a darse a conocer. 
No se fatigará quien la busque de madrugada, 
pues la encontrará sentada ante su puerta. 
Meditar en ella es prudencia consumada; 
quien por ella no ahorra desvelos, 
se verá pronto libre de inquietudes. 
Porque ella misma busca con afán 
a quienes considera dignos de su favor; 
se les manifiesta benévola en todos los caminos 
y les sale al encuentro en todos sus proyectos.

Salmo:
62, 2. 3-4. 5-6. 7-8

R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

      Oh Dios, tú eres mi Dios y al alba te busco; 
          de ti tengo sed y por ti desfallezco 
          en una tierra árida, seca y sin agua. R/.

      Te contemplé en tu santuario, 
          vi tu poder y tu gloria. 
          Tu amor es mejor que la vida, 
          mis labios cantarán tu alabanza. R/.

      Te bendeciré mientras viva, 
          por tu nombre alzaré mis manos. 
          Me saciaré de aceite y de grasa, 
          te ensalzará mi boca con gozo. R/.

      Si acostado te recuerdo, 
          no duermo pensando en ti; 
          pues tú eres mi socorro, 
          bajo tus alas me regocijo. R/.

Segunda lectura:
1 Tesalonicenses 4, 13-18

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses

Hermanos, no queremos que ignoren la suerte de aquellos que ya han muerto. Así no estarán tristes como lo están los que carecen de esperanza. 
Nosotros creemos que Jesús ha muerto y ha resucitado; pues, igualmente, Dios llevará consigo a quienes han muerto unidos a Jesús. 
Apoyados en la palabra del Señor, les aseguramos que nosotros los que estemos vivos, los supervivientes en el día de la manifestación del Señor no tendremos preferencia sobre los que ya murieron. 
Porque el Señor mismo bajará del cielo y, a la voz de mando, cuando se oiga la voz del arcángel y resuene la trompeta divina, resucitarán en primer lugar los que murieron unidos a Cristo. 
Después nosotros, los que aún quedemos vivos, seremos arrebatados, junto con ellos, entre nubes, y saldremos por los aires al encuentro del Señor. 
De este modo viviremos siempre con el Señor. 
Dense ánimos, pues, unos a otros con esta enseñanza.

Evangelio:
Mateo 25, 1-13

Lectura del santo evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 
—El reino de los cielos puede compararse a diez muchachas que en una boda tomaron sendas lámparas de aceite y salieron a recibir al novio. 
Cinco de aquellas muchachas eran descuidadas, y las otras cinco, previsoras. 
Y sucedió que las descuidadas llevaron sus lámparas, pero olvidaron tomar el aceite necesario. En cambio, las previsoras, junto con las lámparas, llevaron también alcuzas de aceite. 
Como el novio tardaba en llegar, les entró sueño a todas y se durmieron. 
Cuando a eso de la medianoche se oyó gritar: 
«¡Ya viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!», las diez muchachas se despertaron y comenzaron a preparar sus lámparas. 
Las descuidadas, dirigiéndose a las previsoras, les dijeron: 
«Nuestras lámparas se están apagando. Dennos un poco de su aceite». 
Las previsoras les contestaron: 
«No podemos, porque entonces tampoco nosotras tendríamos bastante. Mejor es que acudan a quienes lo venden y lo compren». 
Pero mientras estaban comprándolo, llegó el novio, y las que lo tenían todo a punto entraron con él a la fiesta nupcial, y luego la puerta se cerró. 
Más tarde llegaron las otras muchachas y se pusieron a llamar: 
«¡Señor, señor, ábrenos!». 
Pero él les contestó: 
«Les aseguro que no sé quiénes son ustedes». 
Estén, pues, muy atentos porque no saben ni el día ni la hora de la venida del Hijo del hombre.

Color verde
Este color simboliza esperanza, paz, serenidad y ecología. Es usado durante el Tiempo Ordinario, en los feriados y los domingos que no exigen otro color (solemnidades, fiestas de santos).
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