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2º Domingo del T.O

Anteriordomingo, 14 de enero de 2018 Siguiente

Lecturas Bíblicas
1 Samuel 3, 3b-10. 19
39, 2 y 4ab. 7. 8-9. 10
1 Corintios 6, 13c-15a. 17-20
Juan 1, 35-42
Liturgia
Color Verde
Ciclo B
Semana Salterio II
Fulgencio
2º Domingo del T.O

La Editorial Verbo Divino ha lanzado una nueva aplicación “La Buena Noticia de cada día”. La pueden descargar en Play Store para Android o en App Store para Apple. En la aplicación encontrarán las lecturas completas que se proclaman en la Eucaristía de todos los días del año, acompañadas de un sugerente comentario que invita a la oración.  Podrán consultar festividades y acceder a las oraciones que año tras año se ofrecerán, así como visualizar un vídeo semanal con el que se pretende acercarles el evangelio de una manera original.

 

 

Cita del día

La Palabra de Dios nos pone frente al misterio de la vocación, algo que no se produce nunca por nuestros méritos o por nuestras cualidades humanas, sino que brota únicamente de la libre y misericordiosa iniciativa divina respecto a nosotros. El encuentro con Jesús, aunque se decide en el secreto de nuestra libertad, postula, no obstante, la dinámica del testimonio. Ateniéndonos al relato evangélico, los encuentros con los primeros discípulos acaecen, en efecto, como en cadena: cada uno de ellos llega a Jesús a través de la mediación de otro, porque ésa es concretamente la dinámica de nuestra llegada a la fe. De ahí deriva una enseñanza preciosa sobre la importancia que tiene contar con auténticos testigos, que nos presenten a Jesús como el Señor esperado y favorezcan el encuentro con él, sin que el testigo quiera ligar al otro a su propia persona como si fuera una propiedad suya. El verdadero testigo está, por consiguiente, al servicio del camino hacia una madurez espiritual que es libertad de elección. En este sentido, son unos ejemplos excelentes el sacerdote Elí con Samuel y todavía más el Bautista con sus dos discípulos.
Con todo, para llegar a ser testigos es menester haber encontrado ya al Señor y haber llegado, por ello, a ser capaz de ir más allá de las apariencias, accediendo a una profunda mirada de fe sobre la realidad. Dar testimonio es regalar a los otros esta mirada que, precedentemente, ya ha cambiado nuestra vida. Eso supone haber entrado en un nuevo tipo de existencia, en una comunión activa con Jesús, una comunión que puede ser expresada como un «habitar con él»; más aún, como un detenerse junto a él. A la fase de la búsqueda, en nuestros días frecuentemente enfatizada con exceso, debe sucederle la de nuestro detenernos, la del reconocer en Jesús la verdadera meta de nuestro corazón, la del ser capaces de perseverar en su compañía: «Se fueron con él, vieron dónde vivía y pasaron aquel día con él».
En este morar con él adquiere su vigor la contemplación y la escucha, el ponernos a su disposición con todas nuestras energías, como dijo Samuel, con la simplicidad de un niño: «Habla, que tu siervo escucha». Sólo permaneciendo con Jesús comprenderemos de verdad que hemos sido comprados a un precio elevado y nos hemos convertido en templo del Espíritu Santo.
 

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Domingos del Tiempo Ordinario Lectio Divina para cada día del año: Domingos del Tiempo Ordinario

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
1 Samuel 3, 3b-10. 19

Lectura del primer libro de Samuel

En aquellos días, Samuel dormía en el santuario del Señor, donde está el Arca de Dios. El Señor llamó a Samuel que respondió:
—¡Aquí estoy!
Fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo:
—Aquí estoy, presto a tu llamada.
Elí le contestó:
—Yo no te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte.
Y Samuel fue a acostarse. El Señor volvió a llamar otra vez a Samuel y este se levantó y se presentó ante Elí, diciendo:
—Aquí estoy, presto a tu llamada.
Elí contestó:
—Yo no te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte. Y es que Samuel todavía no conocía al Señor, ni se le había revelado su palabra. El Señor volvió a llamar a Samuel por tercera vez y él se levantó y se presentó ante Elí, diciendo:
—Aquí estoy, presto a tu llamada.
Entonces comprendió Elí que era el Señor quien llamaba al muchacho y le dijo:
—Vuelve a acostarte y si alguien te llama, respóndele: «Habla, Señor, que tu servidor escucha».
Y Samuel se fue a acostar a su habitación. El Señor volvió a insistir y lo llamó como antes:
—¡Samuel! ¡Samuel!
Y él le respondió:
—Habla, que tu servidor escucha.
Samuel seguía creciendo y el Señor lo protegía, sin dejar de cumplir ni una sola de sus palabras.

Salmo:
39, 2 y 4ab. 7. 8-9. 10

R/. Aquí vengo, Señor, quiero hacer tu voluntad.

      Puse mi esperanza en el Señor,
          él se inclinó hacia mí
          y escuchó mi lamento.
          Puso en mi boca un canto nuevo,
          una alabanza a nuestro Dios. R/.

      No quieres sacrificios ni ofrendas;
          tú, que me has abierto el oído,
          no deseas ni víctimas ni holocaustos. R/.

      Entonces yo dije: «Aquí vengo,
          en el libro se ha escrito de mí:
          Quiero hacer tu voluntad,
          tu ley llevo en mis entrañas». R/.

      He pregonado tu justicia
          en la gran asamblea;
          no he cerrado mis labios
          y tú, Señor, lo sabes. R/.

Segunda lectura:
1 Corintios 6, 13c-15a. 17-20

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios

Hermanos:

El cuerpo no está hecho para la lujuria, sino para el Señor. A su vez, el Señor es para el cuerpo. Por su parte, Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros con su poder.
¿Ignoran que sus cuerpos son miembros del cuerpo de Cristo?
El que se une al Señor, formará con él un solo ser en la esfera del Espíritu. Huyan de la lujuria. Cualquier otro pecado que la persona cometa queda fuera del cuerpo, pero el pecado de la lujuria ofende al propio cuerpo. ¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que han recibido de Dios y que habita en ustedes? Ya no son los dueños de ustedes mismos. Han sido rescatados a buen precio; glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo.

Evangelio:
Juan 1, 35-42

Lectura del santo evangelio según san Juan

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, al ver a Jesús que pasaba por allí, dijo:
—Ahí tienen al Cordero de Dios.
Los dos discípulos, que se lo oyeron decir, fueron en pos de Jesús, quien, al ver que lo seguían, les preguntó:
—¿Qué buscan?
Ellos contestaron:
—Rabí (que significa «Maestro»), ¿dónde vives?
Él les respondió:
—Vengan a verlo.
Se fueron, pues, con él, vieron dónde vivía y pasaron con él el resto de aquel día. Eran como las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que habían escuchado a Juan y habían seguido a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Lo primero que hizo Andrés fue ir en busca de su hermano Simón para decirle:
—Hemos hallado al Mesías (palabra que quiere decir «Cristo»).
Y se lo presentó a Jesús, quien, fijando en él la mirada, le dijo:
—Tú eres Simón, hijo de Juan; en adelante te llamarás Cefas (es decir, Pedro).

Color verde
Este color simboliza esperanza, paz, serenidad y ecología. Es usado durante el Tiempo Ordinario, en los feriados y los domingos que no exigen otro color (solemnidades, fiestas de santos).
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