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Jueves de la 23ª Semana del T.O

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Lecturas Bíblicas
Números 21, 4b-9
77, 1-2. 34-35. 36-37. 38
Filipenses 2, 6-11
Juan 3, 13-17
Liturgia
Color Rojo
Ciclo A
Semana Salterio F
Exaltación de la Santa Cruz
Comentario del día

Diálogo de Jesús con Nicodemo, «maestro de Israel». Jesús, el Hijo del hombre, será levantado en alto, como Moisés levantó la serpiente en el desierto. Dos etapas en la salvación: la primera pasajera, la segunda definitiva: tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo para salvarlo, no para condenarlo. Repite en versos contiguos: para que el que crea en él tenga vida eterna.
La fe en Jesús no es inicial ni finalmente negativa: su misión no es condenar. La fe en Jesús es inicial y finalmente positiva: para salvar al mundo. La misión de Jesús nos pone a todos en la disyuntiva de aceptarlo o rechazarlo, de «creer» en él o de negarlo. La fe tampoco es un acto sentimental, sino que por ser salvador nos conduce a la «vida eterna».
Gracias, Padre, por el don de tu Hijo que, aceptado en la fe, nos conduce a la vida eterna.

Cita del día

Cada vez que leemos la Palabra de Dios crece en nosotros la certeza de que Jesús da pleno cumplimiento a la historia del pueblo hebreo y a nuestra historia: en efecto, no vino a abolir, sino a dar cumplimiento. Jesús es aquel que ha bajado del cielo, aquel que conoce al Padre, que está en íntima unión con él («El Padre y yo somos uno»: Jn 10,30), y ha sido enviado por el Padre para revelar el misterio salvífico, el misterio de amor que se realizará con su muerte en la cruz. Jesús crucificado es la manifestación máxima de la gloria de Dios. Por eso, la cruz se convierte en símbolo de victoria, de don, de salvación, de amor.
Todo lo que podamos entender con la palabra «cruz» –a saber: el dolor, la injusticia, la persecución, la muerte– es incomprensible si lo miramos con ojos humanos. Sin embargo, a los ojos de la fe y del amor aparece como medio de configuración con aquel que nos amó primero. Así las cosas, ya no vivimos el sufrimiento como un fin en sí mismo, sino que se convierte participación en el misterio de Dios, camino que nos conduce a la salvación.
Sólo si creemos en Cristo crucificado, es decir, si nos abrimos a la acogida del misterio de Dios que se encarna y da la vida por toda criatura; sólo si nos situamos frente a la existencia con humildad, libres de dejarnos amar para ser a nuestra vez don para los hermanos, seremos capaces de recibir la salvación: participaremos en la vida divina de amor.
Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz significa tomar conciencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (cf. Flp 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Propio de los santos - II Lectio Divina para cada día del año: Propio de los santos - II

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
Números 21, 4b-9

Lectura del libro de los Números

En aquellos días, el pueblo se impacientó por el camino y protestó contra Dios y contra Moisés, diciendo:
—¿Por qué nos han hecho salir de Egipto para hacernos morir en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y estamos hastiados de este alimento miserable.
El Señor envió entonces contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían. Fueron muchos los israelitas que murieron, por lo que el pueblo acudió a Moisés y le suplicó:
—Hemos pecado al hablar contra el Señor y contra ti. Intercede ante el Señor para que aleje estas serpientes de nosotros.
Moisés intercedió por el pueblo y el Señor le dijo:
—Haz esculpir una serpiente venenosa y colócala en la punta de una asta; cualquiera que sea mordido y la mire, se recuperará.
Esculpió, en efecto, Moisés una serpiente de bronce y la puso en la punta de una asta; cuando uno cualquiera era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y se recuperaba.

Salmo:
77, 1-2. 34-35. 36-37. 38

R/. No olviden las acciones del Señor.

      Pueblo mío, escucha mi enseñanza,
          atiendan a las palabras de mi boca.
          Con sentencias sabias hablaré,
          proclamaré enigmas de antaño. R/.

      Si los hacía morir lo buscaban,
          se arrepentían dirigiéndose a él;
          recordaban que Dios era su refugio,
          el Dios Altísimo su redentor. R/.

      Pero con su boca lo engañaban,
          con su lengua le mentían;
          su corazón no era sincero,
          eran infieles a su alianza. R/.

      Él, misericordioso, perdonaba
          su pecado y no los destruía;
          su ira contenía una y otra vez,
          no desplegaba todo su furor. R/.

Segunda lectura:
Filipenses 2, 6-11

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses

Cristo, siendo de condición divina
no quiso hacer de ello ostentación,
sino que se despojó de su grandeza,
asumió la condición de siervo
y se hizo semejante a los humanos.
Y asumida la condición humana,
se rebajó a sí mismo
hasta morir por obediencia,
y morir en una cruz.
Por eso, Dios lo exaltó sobremanera
y le otorgó el más excelso de los nombres,
para que todos los seres,
en el cielo, en la tierra y en los abismos,
caigan de rodillas ante el nombre de Jesús,
y todos proclamen que Jesucristo es Señor,
para gloria de Dios Padre.

Evangelio:
Juan 3, 13-17

Lectura del santo evangelio según san Juan

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
—Nadie ha subido al cielo, excepto el que bajó de allí, es decir, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo, que no dudó en entregarle a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino tenga vida eterna.
Pues no envió Dios a su Hijo para dictar sentencia de condenación contra el mundo, sino para que por medio de él se salve el mundo.

Color rojo
Asociado a la sangre y al fuego, es color del corazón: denota pasión, vida, pentecostés y martirio. Es usado principalmente en el Domingo de Ramos, el Viernes Santo, Pentecostés y en las fiestas de mártires. Además, en la administración del sacramento de la Confirmación.
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