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Martes de la 3ª semana de Pascua

Anteriormartes, 17 de abril de 2018 Siguiente

Lecturas Bíblicas
Hechos 7, 51—8, 1a
30, 3cd-4. 6ab y 7b y 8a. 17 y 21ab
Juan 6, 30-35
Liturgia
Color Blanco
Ciclo B
Semana Salterio III
Aniceto, papa
Cita del día

Esteban tiene el encanto del testimonio valiente e intrépido, un testimonio que desafía a los adversarios, que no les halaga, que no intenta defenderse, sino que proclama con una lucidez impresionante su propia fe. Tampoco usa –y lo hace adrede– ni pizca de diplomacia. Es posible que quiera despertar y agitar a la misma comunidad cristiana, que, atemorizada por las primeras persecuciones, corría el riesgo de convertirse en una secta judía por amor a la vida tranquila o, al menos, por la necesidad de sobrevivir. Esteban ve también el peligro que supone para la joven comunidad cristiana mirar más al pasado que al futuro, el peligro que supone una Iglesia más preocupada por la continuidad con la tradición que por la novedad cristiana. 
El diácono aparece presentado como alguien que ha comprendido a fondo el alcance de la novedad cristiana, la ruptura que implicaba la fe en Cristo con respecto a cierta tradición fosilizada, la necesidad de no dejarse apresar por compromisos de ningún tipo. Por algo será Saulo su continuador en la afirmación de la «diversidad» cristiana, en la acentuación de las peculiaridades de la nueva fe, en el correr los riesgos que traía consigo la ruptura con el pasado. Esteban no está dispuesto a transigir ni a bajar a compromisos... Su sacudida ha resultado beneficiosa, incluso por encima de lo necesario. No se vive sólo de mediaciones, sino que, especialmente en determinados momentos decisivos, se hacen necesarias las posiciones claras. Esteban es el prototipo de la parresía cristiana, siempre necesaria, incluso para evitar los riesgos del concordismo.

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Pascua Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Pascua

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
Hechos 7, 51—8, 1a

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 

En aquellos días, Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas: 
—Gente testaruda, de corazón empedernido y oídos sordos, siempre han ofrecido resistencia al Espíritu Santo. Como sus antepasados, así son ustedes. ¿Hubo algún profeta al que no persiguieran sus antepasados? Ellos mataron a los que predijeron la venida del único justo a quien ahora ustedes han entregado y asesinado. ¡Ustedes que recibieron la ley por mediación de ángeles, pero que nunca la han cumplido! 
Estas palabras desataron su cólera, y se recomían de rabia contra Esteban. Pero él, lleno del Espíritu Santo y con la mirada fija en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie junto a Dios. 
—Escúchenme —dijo—, veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie junto a Dios. 
Hechos un puro grito, no quisieron escuchar nada más y se arrojaron en masa sobre él. Lo sacaron fuera de la ciudad y comenzaron a apedrearlo. Los que participaban en el hecho confiaron sus ropas al cuidado de un joven llamado Saulo. Esteban, por su parte, oraba con estas palabras mientras era apedreado: 
—Señor Jesús, acoge mi espíritu. 
Luego dobló las rodillas y clamó en alta voz: 
—¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado! 
Y, sin decir más, expiró. 
Saulo estaba allí, dando su aprobación a la muerte de Esteban.

Salmo:
30, 3cd-4. 6ab y 7b y 8a. 17 y 21ab

R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi vida.

      Sé para mí fortaleza protectora, 
          morada inaccesible que me salve, 
          pues tú eres mi bastión, mi baluarte; 
          honrando tu nombre, guíame y condúceme. R/. 

      A tus manos encomiendo mi vida; 
          tú, Señor, Dios fiel, me has rescatado. 
          En Dios pongo mi confianza. 
          Por tu amor me alegro y me regocijo. R/. 

      Muéstrate favorable con tu siervo, 
          por tu amor ponme a salvo. 
          Tu rostro los ampara y protege 
          de las conjuras humanas. R/.

Evangelio:
Juan 6, 30-35

Lectura del santo evangelio según san Juan 

En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: 
—¿Cuáles son tus credenciales para que creamos en ti? ¿Qué es lo que tú haces? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio a comer pan del cielo. 
Jesús les respondió: 
—Yo les aseguro que no fue Moisés el que les dio pan del cielo. Mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da, baja del cielo y da vida al mundo. 
Entonces le pidieron: 
—Señor, danos siempre de ese pan. 
Jesús les contestó: 
—Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí, jamás tendrá hambre; el que cree en mí, jamás tendrá sed.

Color blanco
Color que hace referencia a la resurrección de Jesús, siendo el color más solemne en la liturgia. Simboliza la alegría y la paz. Se usa durante el tiempo de Pascua y el tiempo de Navidad. Se emplea también en las fiestas y solemnidades del Señor no relativas a la Pasión, incluida la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, en las fiestas de la Virgen María y de los santos que no murieron mártires.
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