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Martes de la 24ª Semana del T.O

Anteriormartes, 17 de septiembre de 2019 Siguiente

Lecturas Bíblicas
1 Timoteo 3, 1-13
100, 1-2ab. 2cd-3abc. 5. 6
Lucas 7, 11-17
Liturgia
Color Verde
Ciclo C
Semana Salterio IV
Roberto Belarmino

Cita del día

En la orden de que no llore, aparentemente paradójica, que da Jesús a la viuda, Lucas hace intuir desde el comienzo del texto el desenlace de este encuentro, dado que llama a Jesús con un título cargado de significado: «el Señor» (7,13b). Basta con la orden de Jesús para que el curso de los acontecimientos se invierta: Jesús restituye al joven vivo a su madre.
La reacción religiosa de la gente: «Alababan a Dios», introduce la exclamación: «Un gran profeta...», que ofrece la clave interpretativa de todo el episodio. Y Jesús, el gran profeta, Elías redivivo, a diferencia de éste, es el Señor. Es Dios mismo el que interviene ahora de una manera eficaz para la salvación de su pueblo. Ésta es la «visita» por excelencia y definitiva de Dios: la resurrección de los muertos es un «signo» decisivo para quien sabe acogerlo. Jesús no sólo es el profeta que consuela curando enfermedades y aplazando la muerte, sino que –como Señor– es el vencedor de la muerte, el que inaugura el tiempo nuevo de la esperanza para todos los creyentes.
Ahora, frente a la lista de las cualidades requeridas para el «ministerio» de la autoridad en la Iglesia, según la primera lectura, vemos que la autoridad del Señor indica la cualidad esencial que los «ministerios» del obispo y de los diáconos deben presentar. Esta cualidad es la fidelidad en el testimonio y en el servicio. Una fidelidad basada en la obediencia a la Palabra, como demuestra toda misión profética del Antiguo y del Nuevo Testamento, y por excelencia la del profeta Jesús de Nazaret. No puede haber autoridad cristiana sin obediencia de los «ministros» a la Palabra de Dios, de suerte que les sea posible gobernar y guiar a la Iglesia no siguiendo criterios mundanos, sino siguiendo las exigencias de la misma Palabra. La búsqueda de la voluntad de Dios por parte de los pastores y del rebaño –aunque con papeles diferentes– ha de ser unívoca y concorde (cf. Hch 2,42). El poder sobre la muerte y sobre todo mal se comunica, a través de la línea de la obediencia y de la profecía, por el Profeta y Testigo fiel, a los apóstoles y a los diáconos, para el servicio a la comunión y a la vida en la Iglesia.
La alabanza a Dios: «Un gran profeta...» (v. 16), es la primera resurrección de los muertos en el corazón humano. Viene, después, el agradecimiento por las visitas y las grandes obras de Dios. Y, en consecuencia, la intercesión abre la conciencia de la persona a la estructura permanente de vida que es la conversión del corazón y la oración continua. Conversión y oración son, simultáneamente, dones del Espíritu y compromiso de la persona indispensables para obedecer y mandar en la Iglesia, para empezar a vivir como resucitados en el tiempo presente, como anticipo de la definitiva resurrección de los muertos.

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Ferias del Tiempo Ordinario Lectio Divina para cada día del año: Ferias del Tiempo Ordinario

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
1 Timoteo 3, 1-13

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo

Querido hermano:
Es esta una palabra digna de crédito: quien aspira al episcopado, aspira a una noble tarea. Ahora bien, es preciso que el obispo sea un hombre sin tacha, casado una sola vez. Debe ser sobrio, equilibrado, cortés, hospitalario, con capacidad para enseñar. No ha de ser borracho ni pendenciero, sino ecuánime, pacífico y desinteresado. 
Que sepa gobernar bien su propia casa y educar a sus hijos con autoridad y pleno equilibrio, pues quien no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la Iglesia de Dios? 
Que no sea un recién convertido para que no se le suba el cargo a la cabeza y se haga acreedor de la misma condenación que el diablo. 
Es necesario, finalmente, que goce también de buena fama entre los no creyentes, para que no incurra en descrédito ni el diablo lo atrape en sus trampas. 
Que los diáconos sean igualmente personas responsables, hombres de palabra, no dados al vino ni a los negocios sucios; que guarden las verdades de la fe con una conciencia limpia. 
Antes de nada debe comprobarse su conducta y solo si son irreprochables podrán ejercer el diaconado. 
Del mismo modo, que también las mujeres sean responsables, no calumniadoras, sobrias y plenamente fieles. 
Los diáconos, por su parte, deben ser hombres casados una sola vez, que sepan gobernar a sus hijos y a sus propias casas, pues los que desempeñan bien la función de diáconos se harán dignos de un puesto honorífico y alcanzarán una gran confianza en lo que respecta a la fe en Cristo Jesús. 

Salmo:
100, 1-2ab. 2cd-3abc. 5. 6

R/. Actuaré con rectitud de corazón.

      Quiero cantar el amor y la justicia, 
          a ti, Señor, quiero cantarte; 
          quiero aprender la senda de los rectos, 
          ¿cuándo vendrás a mí? R/.

      Actuaré rectamente en medio de mi casa, 
          en nada indigno fijaré mi ojos; 
          odio el proceder de los rebeldes. R/.

      Al que difama en secreto a su amigo, 
          voy a dejarlo callado; 
          al que es ambicioso y soberbio, 
          no voy a tolerarlo. R/. 

      En los fieles del país me fijaré 
          para que habiten conmigo: 
          quien siga la senda de los rectos, 
          ese será quien me sirva. R/.

Evangelio:
Lucas 7, 11-17

Lectura del santo evangelio según san Lucas

En aquel tiempo, Jesús, en compañía de sus discípulos y de otra mucha gente, se dirigió a un pueblo llamado Naín. 
Cerca ya de la entrada del pueblo, una nutrida comitiva fúnebre del mismo pueblo llevaba a enterrar al hijo único de una madre que era viuda. 
El Señor, al verla, se sintió profundamente conmovido y le dijo:
—No llores.
Y acercándose, tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús exclamó:
—¡Muchacho, te ordeno que te levantes!
El muerto se levantó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. 
Todos los presentes se llenaron de temor y daban gloria a Dios diciendo:
—Un gran profeta ha salido de entre nosotros. Dios ha venido a salvar a su pueblo.
La noticia de lo sucedido se extendió por todo el territorio judío y las regiones de alrededor.

Color verde
Este color simboliza esperanza, paz, serenidad y ecología. Es usado durante el Tiempo Ordinario, en los feriados y los domingos que no exigen otro color (solemnidades, fiestas de santos).
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