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Jueves Santo

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Lecturas Bíblicas
Éxodo 12, 1-8. 11-14
115, 12-13. 15-16bc. 17-18
1 Corintios 11, 23-26
Juan 13, 1-15
Liturgia
Color Blanco
Ciclo C
Semana Salterio F
Perfecto

Cita del día

El discurso de Jesús en la última cena fue una conversación en un clima de amistad, de confianza y, a la vez, el último adiós, que nos da abriendo su corazón. ¡Cómo debió de esperar Jesús esta hora! Era la hora para la cual había venido, la hora de darse a los discípulos, a la humanidad, a la Iglesia. Las palabras del Evangelio rebosan una energía vital que nos supera. El memorial de Jesús –el recuerdo de su cena pascual– no se repite en el tiempo, sino que se renueva, se nos hace presente. Lo que Jesús hizo aquel día, en aquella hora, es lo que él todavía, aquí presente, hace para nosotros. Por eso no dudamos en sentirnos de verdad en aquella única hora en la que Jesús se entregó a sí mismo por todos, como don y testimonio del amor del Padre.
Nosotros, por consiguiente, debemos aprender de Jesús, que nos dice: “Os he dado ejemplo...”. Debemos aprender de él a decir siempre “gracias” y a celebrar la eucaristía en la vida entrando en la dinámica del amor que se ofrece y sacrifica a sí mismo para hacer vivir al otro. El rito del lavatorio de los pies tiene como finalidad recordarnos que el mandamiento del Señor debe llevarse a la práctica en el día a día: servirnos mutuamente con humildad. La caridad no es un sentimiento vago, no es una experiencia de la que podemos esperar gratificaciones psicológicas, sino que es la voluntad de sacrificarse a sí mismo con Cristo por los demás, sin cálculos. El amor verdadero siempre es gratuito y siempre está disponible: se da pronta y totalmente.
 

Fuente:
Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Cuaresma y Triduo Pascual Lectio Divina para cada día del año: Tiempo de Cuaresma y Triduo Pascual

Autor: Zevini, Giorgio / Cabra, Pier Giordano

Textos bíblicos
Primera lectura:
Éxodo 12, 1-8. 11-14

Lectura del libro del Éxodo

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés y a Aarón en Egipto:
—Este mes será para ustedes el principal, el mes con que comenzarán el año. Digan a toda la comunidad de Israel: el diez de este mes cada uno tomará un cordero, uno por cada casa y familia. Si la familia es muy pequeña para comérselo entero, que se junte con su vecino más próximo teniendo en cuenta el número de comensales y la porción de cordero que cada uno pueda comer. El cordero deberá ser de un año, macho y sin ningún defecto. Podrá ser cordero o cabrito. Lo guardarán hasta el día catorce de este mes, y en la tarde de ese día toda la comunidad de Israel procederá a inmolarlo. Untarán luego con la sangre del animal las jambas y el dintel de la puerta de las casas en que se haya de comer. En esa noche se comerá la carne asada al fuego, acompañada de hierbas amargas y panes sin levadura.
Lo comerán así: la túnica atada, las sandalias abrochadas y la vara en la mano; lo comerán a toda prisa. Es la Pascua del Señor. Esa noche recorreré el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto personas como animales. De este modo, yo, el Señor, daré un justo escarmiento a todos los dioses egipcios. La sangre servirá de señal en las casas que ustedes habitan: cuando yo vea la sangre pasaré de largo y no les alcanzará la plaga exterminadora con que castigaré a Egipto. Ese será para ustedes un día memorable; en él celebrarán fiesta en honor del Señor, y esto quedará como institución perpetua para las generaciones futuras.

Salmo:
115, 12-13. 15-16bc. 17-18

R/. La copa bendita que bendecimos
          nos hace participar de la sangre de Cristo.

      ¿Cómo pagaré al Señor
          todos los beneficios que me ha hecho?
          Alzaré la copa de la salvación,
          invocaré el nombre del Señor. R/.

      Mucho le importa al Señor
          la muerte de sus fieles.
          Señor, yo soy tu siervo, el hijo de tu esclava;
          tú desataste mis ataduras. R/.

      Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
          invocaré el nombre del Señor.
          Cumpliré al Señor mis promesas
          delante de todo su pueblo. R/.

Segunda lectura:
1 Corintios 11, 23-26

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios

Hermanos:
Les he transmitido una tradición que yo recibí del Señor; a saber: que Jesús, el Señor, la noche misma en que iba a ser entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo que entrego por ustedes; hagan esto en memoria de mí».
Después de cenar, tomó igualmente la copa y dijo:
«Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre; cada vez que beban de ella, háganlo en memoria de mí».
Y, de hecho, siempre que comen de este pan y beben de esta copa, están proclamando la muerte del Señor, en espera de que él venga.

Evangelio:
Juan 13, 1-15

Lectura del santo evangelio según san Juan

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, llevó su amor hasta el fin. Se habían puesto a cenar y el diablo había metido ya en la cabeza de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de traicionar a Jesús. Con plena conciencia de haber venido de Dios y de que ahora volvía a él, y perfecto conocedor de la plena autoridad que el Padre le había dado, Jesús interrumpió la cena, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó a la cintura. Después echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura. Cuando le llegó la vez a Simón Pedro, este le dijo:
—Señor, ¿vas a lavarme los pies tú a mí?
Jesús le contestó:
—Lo que estoy haciendo, no puedes comprenderlo ahora; llegará el tiempo en que lo entiendas.
Pedro insistió:
—Jamás permitiré que me laves los pies.
Jesús le respondió:
—Si no me dejas que te lave, no podrás seguir contándote entre los míos.
Le dijo entonces Simón Pedro:
—Señor, no solo los pies; lávame también las manos y la cabeza.
Pero Jesús le replicó:
—El que se ha bañado y está completamente limpio, solo necesita lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos.
Jesús sabía muy bien quién iba a traicionarlo; por eso añadió: «No todos están limpios».
Una vez que terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la mesa y les preguntó:
—¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, el Maestro y Señor, les he lavado los pies, lo mismo deben hacer ustedes unos con otros. Les he dado ejemplo para que se porten como yo me he portado con ustedes.

Color blanco
Color que hace referencia a la resurrección de Jesús, siendo el color más solemne en la liturgia. Simboliza la alegría y la paz. Se usa durante el tiempo de Pascua y el tiempo de Navidad. Se emplea también en las fiestas y solemnidades del Señor no relativas a la Pasión, incluida la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, en las fiestas de la Virgen María y de los santos que no murieron mártires.
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