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07/01/2008 Leimos en BABELIA...

He aquí la crítica de Francisco Rico titulada "Jeremías en carne y hueso" y publicada en EL PAIS, Babelia, 5 de enero de 2008: Es éste un libro original, hermoso y fuerte. En el catálogo de Planeta o Edhasa, podríamos tomarlo por una novela histórica y, atendiendo a ciertos aspectos de la intriga, incluso con ribetes de misterio y esoterismo, como los best sellers de moda. Publicado de hecho por una editorial especializada en los estudios bíblicos (Editorial Verbo Divino), cabría entenderlo como uno de ellos, y no menos riguroso. A decir verdad, "Serás mi boca" tiene de lo uno y de lo otro, de ficción y de investigación, pero es más propiamente (para usar la acuñación de Piero Boitani) una re-Escritura: la recreación desde dentro de algunas de las páginas más intensas del Antiguo Testamento. Re-Escrituras memorables fueron en el siglo pasado el "José y sus hermanos" de Thomas Mann o el "Job" de Joseph Roth. No caigo en que "Serás mi boca" tenga muchos precedentes españoles. El más valioso está sin duda en las "Figuras de la Pasión del Señor", el retablo de narraciones cortas en que Gabriel Miró retrata y sitúa delicadamente en su marco a una serie de protagonistas o comparsas de la muerte de Jesús. El gran prosista alicantino los pinta a todos con la mirada serena y con la cordialidad distante que le son propias. Por el contrario, es diáfano que Susana Pottecher revive en cuerpo y alma la Pasión de Jeremías. En la marea creciente del imperio babilonio, Yirmeyahú (nombre primero del profeta) predica la vuelta a una religión sin impurezas paganas, una honda revolución moral y la necesidad de una penitencia. No basta ofrecer sacrificios ni observar los ritos: los pecados de Israel han de pagarse al precio de la destrucción del Templo y la caída de Jerusalén. No es un mensaje fácil de aceptar. Los cabecillas del pueblo exhortan ciegamente a resistirse a la soberanía extranjera, a los gobernantes no les interesa el sometimiento. La voz tonante y a la vez lúcida de Jeremías no puede sino atraerle el odio, la prisión y hasta el intento de asfixia en una cisterna. Pero Jeremías sabe que Yahvé, con quien él habla, habla asimismo por su boca, y lo enfrenta todo con vocación inquebrantable, como una "columna de hierro", como una "muralla de bronce" sustentada por el Señor. La autora evoca con sólida documentación los escenarios históricos de esa aventura, poniendo orden en los revueltos materiales bíblicos, y sobre todo acierta a reconstruir imaginativamente la experiencia interior del profeta y sus contemporáneos, y a prestarles el lenguaje que descubre sus motivaciones y su verdad última. Son muchos los episodios de suyo interesantes, trátese del hallazgo del Libro de la Ley o de la entronización de la diosa Istar, la "Reina del Cielo". Pero el logro mayor está en la visión global de un mundo impregnado por la presencia de la divinidad, de lo sacro, que se respira por todas partes, hasta en los menores detalles del vivir cotidiano, por otra parte descrito con exigencia arqueológica. Al efecto de inmersión en los días del Antiguo Testamento contribuye poderosamente la cadencia de una prosa que tiende a la frase larga, envolvente, que va tirando del lector e implicándolo en las vivencias narradas. (Pocas veces podrá hablarse con más exactitud de "acentos bíblicos", y no sería inoportuno recordar con cuánta fuerza se oyen éstos a su vez en dos ficciones que en definitiva, aunque bien distintas de "Serás mi boca", son también re-Escrituras: "Desciende, Moisés" de Faulkner y "Saúl ante Samuel" de Juan Benet). Aquí y allá, no obstante, un coloquialismo busca sacarnos del trance y devolvernos a una perspectiva a ras de tierra. Susana Pottecher había dado ya, con Julio Trebolle, una tersa versión del "Libro de los Salmos" (Trotta). Ahora engarza en el relato una generosa selección, trabajada con amor y filología, de los vaticinios y "confesiones" de Yirmeyahú en fluidos versículos castellanos. No es la menor virtud de "Serás mi boca" dejarse leer como un libro de poesía y, en última instancia, como una celebración de la palabra en sus manifestaciones extremas: palabra profética y palabra poética. Palabras sagradas.
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