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21/02/2008 X Aniversario de VERBUM México

El P. Carlos Salcedo P. svd, Provincial de los Misioneros del Verbo Divino en México, pronunció estas palabras en la celebración del X Aniversario de las Liberías VERBUM. Su intervención se titula: "La Biblia en el Caminar de nuestra Congregación de los Misioneros del Verbo Divino", y la reproducimos aquí completa. Invitamos a nuestros lectores a leer también el TEMA DEL MES, donde podrán encontrar más información sobre la historia de VERBUM en el país azteca: Quisiera abrir esta reflexión con una realidad que todavía hoy hace parte del caminar de la Iglesia en Chiapas, especialmente en la Diócesis de San Cristóbal y fundamentalmente en el mundo indígena. Los choles, igual que los tseltales o los tsotsiles o tojolabales, se consideran a si mismo como “hombres y mujeres verdaderos”, ellos son los “Melel Wiñikob – Chichikob”. Entender este sentido de “los hombres y mujeres verdaderos” en un contexto en donde las comunidades indígenas no son poseedoras de grandes edificios, construcciones, documentos, bibliotecas… hace que resurja con más fuerza la verdad como palabra, como acuerdo, como búsqueda, como solución de conflictos. En este camino de búsqueda por la verdad – para ser hombres y mujeres verdaderos – el pueblo indígena se ha encontrado con la Palabra de Dios. (Hasta hace muy poco todavía era posible encontrar que la única palabra traducida que se encontraba en las comunidades era la Biblia). Esta Palabra, acogida en las comunidades, tanto católicas como evangélicas, y que fue orientando el caminar de la comunidad hacia una vida con más verdad, que ha acompañado en sus luchas y en sus éxodos, es traducida para ellos como: “El Buen Camino”. Así la Palabra de Dios se ha unido al Pueblo en esta búsqueda de la verdad” o del “Buen Camino”. Este pequeño comentario lo hago con el propósito de indicar el punto de llegada de nuestro trabajo misionero en la tarea de evangelización, identificados con el Verbo Divino. Haciéndonos “Misioneros del Buen Camino” en el caminar con nuestros pueblos. Nuestro Padre Fundador, San Arnoldo Janssen, nos ha dado un nombre que nos compromete con el Verbo Divino y su misión. “Su VIDA es nuestra vida; su MISIÓN es nuestra misión”. Así reza el Prólogo de nuestras Constituciones, de manera que estamos llamados a vivir la vida de Jesús y a compartir su misión, pero especialmente identificados con su Palabra. Desde los inicios de la fundación de Steyl (Holanda), nuestro Fundador insistió en que los futuros miembros de la Congregación recibieran una sólida formación en las asignaturas de la Exégesis y de la Historia Bíblica. Ante los pocos ejemplares y la imposibilidad de que cada uno tuviera una ejemplar de la Biblia, quienes se formaban tenían que aprender de memoria muchos de los textos sagrados y lo que en aquel tiempo se difundía como la Historia Sagrada. De esta manera los misioneros que salían de aquella casa de Steyl: “Habían convertido sus mentes en depósitos de la Palabra. Llevando la Palabra viva en sus mentes y en sus corazones. La Palabra estaba con ellos al enfrentar el hambre, la enfermedad y la persecución. La compartían desde lo profundo de sus corazones con aquellos a quienes son enviados”. Pero no bastaba con llevar la Palabra de Dios en la mente y en el corazón de los misioneros. Había que acercarla al corazón y a la vida de los pueblos a los que habían sido enviados, había que traducirla a la lengua, al pensamiento y a la cultura de los pueblos. Para que también en ellos llegase la Palabra como vida y camino verdadero. Muchísimo antes del Concilio Vaticano II, ya en 1896, el Instituto “Anthopos”, especialmente bajo la dirección del P. Wilhelm Schmidt, centraba su atención en el estudio del “Origen de la idea de Dios”, y aunque algunas de las tesis de entonces no se sostienen ante el análisis científico actual en ese campo, sin embargo, sus investigaciones y las de muchos otros etnólogos y antropólogos Verbitas han contribuido significativamente a un conocimiento más profundo de la presencia de Dios en los pueblos aborígenes del mundo. Dios ya está presente de variadas maneras en la cultura, en la vida y en las creencias de los pueblos antes que lleguemos los misioneros. Y esos pueblos cuentan ya con un idioma, con símbolos, con ritos y conceptos sagrados. Este trabajo antropológico de los Verbitas permitió abrir nuevos caminos en la metodología misionera, y en los medios de comunicar la Buena Nueva, permitiendo así nuevos enfoques en las traducciones de la Biblia, de los catecismos y de los textos litúrgicos, a las lenguas autóctonas asumiendo a fondo los contextos culturales. Pero sin duda fue el Concilio Vaticano II el nuevo Pentecostés para una profunda renovación de nuestra vida y de nuestra misión como Misioneros del Verbo Divino. Nos permitió una actualización de nuestras Constituciones dando relevancia a nuestra espiritualidad de la Palabra de Dios. Es posible mencionar algunos textos inspiradores de esta espiritualidad de la Palabra como: “Vivir de la Palabra” de 1987, “Escucha Pueblo Mío” de 1988, “Misioneros en Éxodo Pascual” 1989. Cada uno de estos textos y otros más han ido fortaleciendo nuestro encuentro con la Palabra. Y al mismo tiempo nos ha llevado a un compromiso mayor con nuestros enfoques, reflexiones y exigencias sobre nuestra misión: respondiendo en la vida, con obras y actitudes, a la fuerza transformadora e interpeladota de la Palabra. Constamos hoy que el Concilio nos exigió ser consecuentes con nuestro nombre de Misioneros del Verbo Divino. Nobleza obliga, nuestro nombre nos compromete. Hoy día son muchos los Obispos en donde estamos presentes que nos reclaman y esperan que nuestra presencia en las parroquias y en la diócesis no sólo sea una presencia misionera sino también una presencia servidora de la Palabra. Este compromiso con nuestro nombre de Verbo Divino y esta comprensión de la misión comprometida con la Buena Nueva ha llevado a la Congregación a un verdadera y exigente Pastoral Bíblica. Esto nos ha llevado a las siguientes tareas: 1. Exigencia de traducción de la Biblia: En algunas situaciones los misioneros al tropezar, en la proclamación de la Buena Nueva, con la inexistencia de la Palabra traducida en la lengua autóctona los ha llevado a tener que afrontar la dificilísima tarea de traducir la Palabra de Dios. Muchas veces se ha tratado de aficionados que contando con colaboradores nativos han tenido que emprender esta tarea. 2. Exigencia de profesionales, animadores y exegetas de la Palabra: Hoy crece el número, en las diversas Provincias de nuestra Congregación, de quienes asumen este apostolado específico como animadores y profesionales de la Palabra. No sólo las Provincias más antiguas como Argentina, Brasil o Estados Unidos, sino también Provincias más jóvenes como la nuestra o la nueva Región de Centroamérica cuentan ya con excelentes biblistas. Junto a este camino de animadores y profesionales, se han abierto en varias Provincias “Centros Bíblicos”, con el fin de animar y preparar laicos y agentes de pastoral identificados con la Palabra de Dios 3. Exigencia de Promoción de la Palabra de Dios escrita: Varias imprentas y editoriales SVD han prestado su valiosa cooperación a la difusión de la Biblia, de obras bíblicas y de numerosos textos de reflexión e interpretación de la Biblia. Algunas de ellas, con una larga tradición en el campo de publicación y edición, y, hasta con trabajos de vanguardia, han puesto la Biblia al alcance de toda una nación como Indonesia o para todo el continente de América, como la Editorial Verbo Divino de Estella, España, cuyo director el P. Adolfo del Valle nos honra con su visita. O la institución “Verbum Bible” en Zaire, con publicaciones en francés y en varios idiomas vernáculos africanos. 4. Exigencia de asumir la Pastoral Bíblica como prioridad entre los Misioneros del Verbo Divino: El Capítulo General en 1988, decide en resolución capitular: “que el apostolado bíblico sea reconocido oficialmente como prioridad de la Congregación del Verbo Divino. Los siguientes Capítulos Generales nos han llevado por nuevos caminos, de retos y exigencias, empujándonos a la experiencia del Éxodo, del paso de fronteras y de inculturación, de dejarnos confrontar por la Palabra de Dios que lleva a la Pascua y a la liberación. Especialmente los últimos dos Capítulos Generales nos llevan a entender la misión como desafío de un “Diálogo Profético”. En este sentido la misión hoy es entendida menos en términos geográficos y más en el sentido de situaciones misioneras de la gente a la que queremos llegar. Así nuestro interés no es tanto el de estar en tal o cual lugar, sino que dondequiera que sea nuestra presencia signifique proximidad y diálogo con los interlocutores de la misión. De preferencia nos identificamos con cuatro grupos: 1. con la gente que no tiene comunidad de fe o con los buscadores de la fe. 2. con la gente pobre y marginada. 3. con la gente de otras culturas 4. la gente de otras tradiciones religiosas y de otras ideologías. Se trata de establecer con cada uno de estos grupos un diálogo en solidaridad, respeto y amor. Nos acercamos no en términos de superioridad, sino de igualad y dignidad, comprometidos a fondo en la búsqueda conjunta de la verdad. Y nos esforzamos por una escucha abierta y honesta como testigos de la fe, conscientes y sabedores de que ya está presente en esas personas y culturas la Palabra de Dios. Se encarna así la Palabra de Proximidad con el pobre, con las culturas, con otras tradiciones religiosas, con los buscadores de fe. Creo que el gran desafío de entender la misión como diálogo profético es cómo hacer que la Palabra de Dios sea próxima a nuestros interlocutores, como traducirla, no sólo en términos literarios, sino fundamentalmente en términos de vida para que se convierta en “El Buen Camino”, no sólo para los pueblos indígenas, sino para los diferentes grupos con quienes nos hemos comprometido en nuestra misión a fin de que tengan vida y tengan vida en abundancia. Carlos Salcedo P. svd Provincial
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