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26/05/2008 Palabras de Martín Gelabert Ballester, O.P. en la presentación del libro

En la presentación del libro de VALERO JOSÉ MARTÍNEZ, Memorias de la hora final, EVD, Estella, 2008, 479 págs., Martín Gelabert Ballester, O.P. pronunció estas palabras: - Conozco a D. Valero Martínez desde hace unos 25 años. Pero la lectura de la novela que aquí les presentamos me ha hecho caer en la cuenta de que nunca acabamos de conocer del todo a las personas. Siempre nos reservan alguna sorpresa. Porque para mí ha sido una sorpresa, una grata sorpresa, descubrir las cualidades literarias de Valero, su gran erudición, su capacidad narrativa. En esta novela se transparentan otras cosas más importantes, pero estas, siendo más importantes, me han sorprendido menos porque ya sabía yo algo de ellas. Estoy refiriéndome a su gran amor a Nuestro Señor Jesucristo, que se transparente en cada página de la novela. - Yo tengo noticias de esta novela desde, al menos, un año antes de su salida, aunque creo que la gestación empezó hace mucho más tiempo, quizás hace cinco o seis años. Pero hace un año, cuando el manuscrito estaba perfectamente terminado, yo tuve noticias del mismo y hasta lo tuve en mis manos. Valero se había buscado un editor. Y la verdad, creo que empezó picando muy alto, como suele decirse. Porque Verbo Divino es, a mi modo de ver, uno de las mejores editoriales religiosas de España, que cuida mucho las ediciones, cuida la publicidad y tiene buena distribución. Haber logrado que le publicasen en esta editorial es ya una garantía de que estamos ante un buen libro. - Decía que Valero se buscó un editor. Los editores suelen desconfiar de los autores noveles y desconocidos. Porque a partir de ahora el nombre de Valero Martínez empezará a sonar en ámbitos literarios y religiosos. Pero, seamos claros y sinceros, cuando el llamó a las puertas de Verbo Divino era un perfecto desconocido. La editorial, como es normal, le pidió nombres de personas que pudieran dar informes sobre él. Hábilmente Valero dio nombres que imaginaba que hablarían bien de él. Entre estos nombres dio el mío, sin pedirme permiso, o sea, arriesgándose a que yo me pusiera en plan crítico, como a veces me pongo. Y una vez cometido este error de dar mi nombre, vino a hablar humildemente conmigo, casi pidiendo perdón, y entregándome el manuscrito de su texto, para que si la editorial hablaba conmigo supiera de qué iba la novela. Efectivamente, poco tiempo después, en septiembre de 2007, tenía yo una conferencia en Sevilla a la Asociación Bíblica Española, y allí me abordó el director de publicaciones de Verbo Divino, preguntándome si conocía a Valero Martínez. - La novela, tal como ha salido editada, ha resumido un poco el manuscrito original, con lo que ha ganado en agilidad. Aún así se trata de un libro de 480 páginas. Pero no sólo no se hace pesado, sino que engancha desde el principio al final. Y mantiene el suspense prácticamente hasta el penúltimo capítulo. O sea, la trama se desvela 20 páginas antes de acabar. No voy a ser yo quien la desvele, porque ni sería honrado por mi parte ni este es el objetivo de esa presentación. - Se trata de una novela. Una novela es una ficción que busca entretener y agradar. En el caso de “Memorias de la hora final” el autor ha pretendido no sólo entretener, sino también instruir. Estamos ante lo que ahora se llama novela histórica. O sea, una ficción, en la que sus protagonistas son personajes históricos y que está ambientada en el ambiente socio-político-económico de una determinada época. En el caso de “Memorias de la era final” yo diría que la ambientación política y religiosa está muy bien lograda. La ambientación socio-económica no aparece, porque tampoco es del todo necesaria para la trama de la novela. Insisto en que la ambientación política está bien lograda. Y eso supone por parte de Valero Martínez una gran cantidad de lecturas y de conocimientos que sorprenderán incluso a los conocedores de la historia del cristianismo y del judaísmo del siglo I. Algunos datos que aparecen en la novela son rigurosamente históricos, por ejemplo el que Anano convocase un Sanedrín para ejecutar a Santiago, aprovechando que el prefecto romano había sido destituido y el nuevo estaba aún en camino. Valero Martínez, además de este transfondo histórico, refleja muy bien la situación religiosa del judaísmo del siglo I, un judaísmo dividido en gran cantidad de grupos, todos enemigos de Roma, pero muchas veces opuestos entre ellos, enemistados incluso. Esta división interna del judaísmo tiene también su reflejo y su influencia en los primeras comunidades cristianas. Ese es un valor importante que la novela refleja bastante bien. - Esta novela busca entretener e instruir, pero no sólo busca instruir históricamente, también busca ofrecer un mensaje religioso. Hay ahí una tercera dimensión de la novela que es el mensaje religioso y en concreto el mensaje cristiano que se transmite en cada página. El que la lee, inconscientemente, termina imbuido de un mensaje vital y existencial, un mensaje sobre el Dios que en Jesús se manifiesta. No es fácil escribir una novela histórica. Menos aún una novela que sea fiel reflejo de una tradición religiosa, tradición tratada no sólo con respeto, sino con conocimiento de causa. El mensaje de Jesús de Nazaret aparece como en filigrana en los diálogos, personajes y acontecimientos narrados. Lo esencial de este mensaje queda muy bien condensado. Una palabra de Jesús está detrás de muchos diálogos y tramas: el sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado. - La novela de Valero logra todo esto: entretiene, instruye y transmite un mensaje religioso con fidelidad. De modo que el texto, siendo de ficción, resulta plausible. Las cosas, evidentemente no ocurrieron como relata la novela, pero el lector se queda con la sensación de que así pudieron ocurrir. La ficción es coherente con la historia. - La novela tiene algunos presupuestos. Uno personal del autor, que lo relata en el prólogo, y que no voy a decir, porque me imagino que eso tendrá ganas de contarlo luego el propio autor. - Pero hay otro presupuesto religioso, que sí voy a decir, sin entrar en la trama de la novela. No entro en la trama, pero la trama no se entiende sin el presupuesto del que les voy a hablar y, en todo caso, la novela se entiende y aprecia mejor si se conoce este presupuesto. ¿De qué estoy hablando? Hay una historia que relatan los tres evangelistas sinópticos. La de un hombre rico que un día se acerca a Jesús para preguntarle: “Maestro bueno, ¿qué he de hacer para conseguir en herencia vida eterna?”. “Ya sabes los mandamientos”, le dijo Jesús. El rico le dijo: los he cumplido desde que soy joven. Y Jesús entonces le dice: una cosa te falta, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, y luego ven y sígueme. Supongo que todos conocen este texto. Pero hay algunos detalles que a veces pasan desapercibidos y que son el presupuesto de la novela. No les estoy contando la novela. Les estoy ofreciendo un presupuesto para leerla y entenderla mejor. Detalles que pasan desapercibidos: este rico, además de rico, era un hombre influyente. Lo dice el evangelista Lucas: era uno de los “principales” entre los judíos. Rico e influyente, o sea, con acceso a las áreas del poder. Cumplidor de los mandamientos: observante de la ley, pero además observante convencido y hasta convincente. El evangelista Marcos nota un detalle precioso: “Jesús le amó”, y a pesar del afecto, de lo bien que le cayó, no le hizo ningún chantaje afectivo, no hizo nada para retenerlo, cuando el rico no estuvo dispuesto a seguir la indicación de Jesús de vender sus bienes y seguirle. Pero lo que sí dice el Evangelista es que el rico se marchó triste. O sea, no se quedó a gusto cuando no quiso seguir a Jesús. Ahí en esta tristeza estaba el comienzo de su posible vuelta. Tristeza que, por otra parte, denota indecisión, intranquilidad, mala conciencia, capacidad de reflexión y de volver sobre el asunto. Bien, pues yo diría que toda la novela de Valero es un intento de explicitar lo que pudo ser esta tristeza, este no marcharse a gusto, este quedarse inquieto e intranquilo, una inquietud que duró toda su vida. No les he contado la novela, les he contado una historia del Evangelio muy conocida. Y, sin embargo, se la he contado. - Las Memorias de la hora final no es una novela sobre Jesús. Es una novela sobre las consecuencias que produce el encuentro con Jesús. Hoy el nombre de Jesús no es patrimonio de las Iglesias e interesa mucho más de lo que nos imaginamos. El personaje Jesús de Nazaret conserva una gran actualidad. De ahí la gran cantidad de novelas, películas, pinturas que se aprovechan de su nombre. Desgraciadamente estas manifestaciones pseudos-artisticas se alejan, en la mayoría de las ocasiones, no digo de la fe de los creyentes, sino de los datos históricos más contrastados de los que disponemos. El uso del nombre de Jesús está completamente distorsionado. Y, si en vez de su nombre usasen otro, el producto no tendría ninguna salida comercial. Porque ese es otro aspecto del problema: lo que vende no es la calidad del producto, sino el escándalo. Eso dice mucho de la poca formación de los que compran y de la superficialidad de sus intereses. Pero también debe hacer reflexionar a la Iglesia sobre la formación bíblica y teológica que ha impartido. Sin en vez de gastar energías en condenar estas manifestaciones inaceptables, las gastásemos en formar críticamente y en informar serenamente, seguramente saldríamos ganando. - O también: si en vez de escandalizarnos ante estos productos que buscan el escándalo, fuésemos capaces de ofrecer otro tipo de productos que presentasen una imagen más fiel de Jesús, y lo hiciéramos de forma agradable, seductora, entonces la gente a lo mejor compraría estos productos, porque además de ser buenas obras literarias o artísticas serían más acordes con la fe cristiana. Eso es lo que ha intentado Valero con su novela: ofrecer un producto literario en este caso, un texto agradablemente escrito, una trama interesante, pero fiel a los datos históricos y a la conciencia creyente. Sólo por eso, por ser una pequeña compensación a otro tipo de productos que sólo buscan vender a base de escandalizar y de falsear la realidad, merece agradecimiento. Si además, se trata de un producto bueno y atractivo, pues también merece que lo compremos. - Y aquí termino. Decir más cosas sería contarles la trama de la novela. O entrar a discutir el tipo de exégesis y de teología que, en ocasiones, subyace al relato. No es el lugar, ni el momento. Basta con decir que la exégesis y la teología que, a veces inconscientemente, se refleja en la novela de Valero Martínez, es la que mejor podrán entender los lectores y la que muchos esperan encontrar. Quiero decir que es una exégesis y una teología bastante común y aceptadas sin problemas en muchos círculos eclesiales. - Una palabra más. Se trata de una opera prima. En toda opera prima aparece lo mejor del autor y la frescura de todo lo que comienza. Si se animan a leer la novela disfrutarán de buenos y agradables momentos y aprenderán deleitándose. - D. Valero Martínez: gracias por esta novela, gracias por permitirme presentarla. Reciba mi enhorabuena y mi deseo de que le dé muchas satisfacciones. Martín Gelabert Ballester, O.P.
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