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12/10/2008 Sínodo de los Obispos: Intervención del General de los Misioneros del Verbo Divino

En el Sínodo interviene el P. Antonio PERNIA, S.V.D., Superior General de la Sociedad del Verbo Divino: Por lo que respecta a la tercera parte del Documento de Trabajo, quisiera hacer una referencia al argumento tratado en esta sección, es decir a, la centralidad de "la Palabra de Dios en la misión de la Iglesia". Y deseo hacerlo formulando de nuevo el título de esta sección y decir: " la Palabra de Dios ES la misión de la Iglesia". Esta idea se basa en una afirmación del Concilio Vaticano II relativa al origen trinitario de la misión ( AG 1-2, 9). Aquí se ve a Dios Trinidad como comunión y diálogo entre el Padre , el Hijo y el Espíritu Santo. Esta comunión íntima o diálogo, impregna - o más bien abraza - la creación y la historia. La misión, por tanto, es el diálogo incesante de Dios Uno y Trino con el mundo y la humanidad, un diálogo que invita y atrae a la humanidad a la plena comunión con la comunidad divina. El primer agente del diálogo incesante de Dios con el mundo es la misma Palabra de Dios. Jesús, el Verbo encarnado, es la Palabra de Dios a la humanidad. Es el incesante diálogo de Dios con el mundo. El logos divino es el dia-logus de Dios con el mundo. La Iglesia existe para colaborar en el diálogo constante de Dios con el mundo. La Palabra de Dios es su razón de ser, el sustento de su vida, el corazón de su actividad. Por esto, a través del lente de la Palabra de Dios, es necesario que la misión de la Iglesia sea entendida en términos de diálogo. De hecho, el Evangelio que proclamamos es la invitación de Dios al diálogo. Es necesario mirar a los diferentes grupos de personas con los cuales tratamos de compartir el Evangelio (I.L. 42) como "interlocutores en el diálogo". El diálogo, sin embargo, significa que la evangelización no es un camino que va en un solo sentido, sino que es un intercambio recíproco de dones entre el misionero y el pueblo. En consecuencia el misionero debe estar dispuesto a evangelizar y a ser evangelizado, a hablar y a escuchar, a dar y a recibir. El documento del Concilio Vaticano II, Dei Verbum, dice muy oportunamente "Dei Verbum audiens et proclamans"; escuchar la Palabra de Dios y proclamarla (DV I). La Iglesia misionera proclama la Palabra de Dios, y la escucha también así como le es revelada en las Sagradas Escrituras, pero también en las "alegrías y las esperanzas, en las tristezas y angustias de los hombres de hoy, sobretodo de los pobres y de todos aquellos que sufren". (GS 1). Los hombres y mujeres consagrados, especialmente los misioneros comprometidos en las fronteras de nuestra fe y en los márgenes de la sociedad, pueden ser una "ayuda a la escucha"para la Iglesia, mientras intentan escuchar la Palabra de Dios revelada especialmente en la vida de las personas, en la búsqueda de los que buscan la fe, en las tradiciones culturales y religiosas de las personas que pertenecen a otras fes, en las aspiraciones de los pobres y de los marginados. De esta forma, la vida consagrada puede ayudar a que la Iglesia sea una comunidad que no solamente proclama, sino que también escucha. "Dei Verbum audiens et proclamans". Texto original: Rev. Father Antonio PERNIA, S.V.D., Superior General of the Society of the Divine Word In reference to Part III of the Instrumentum Laboris, I endorse the point that is being made in this section, namely, the centrality of the Word of God in the mission of the Church. And I wish to do so by offering a re-formulation of the title of this section and say "the Word of God IS the mission of the Church". This idea is based on Vatican II's assertion regarding the Trinitarian origin of mission (AG 1-2, 9). The vision here is of the Triune God as communion and dialogue between Father, Son and Holy Spirit. This inner communion or dialogue overflows into - or better, embraces - creation and history. Mission, then, is the Triune God' s ongoing dialogue with. the world and with humanity, a dialogue that invites and draws humanity into full communion with the Divine community. The primary agent of God' s ongoing dialogue with the world is the Word of God himself Jesus, the Incarnate Word, is God's Word to humanity. He is God's ongoing dialogue with the world. The Divine Logos is God's dia-logus with the world. The Church exists in order to collaborate with God' s ongoing dialogue with the world. The Word of God is the reason of its being, the sustenance of its life, the heart of its activity. Thus, seen under the lens of the Word of God, the mission of the Church needs to be understood in terms of dialogue. For the Gospel we proclaim is God's invitation to dialogue. We need, therefore, to regard the different groups of people with whom we seek te share the Gospel (IL 42) as "dialogue partners". Dialogue, however, implies that evangelization is not a one-way activity but a two-way exchange of gifts between the missionary and the people. Consequently the missionary must be ready to evangelize and be evangelized, to speak and to listen, to give and receive. Vatican II' s document, Dei Verbum, puts this nicely by saying "Dei Verbum audiens et proclamans": listening to the Word of God and proclaiming it (DV l). The missionary Church proclaims the Word of God, but also listens to it - as it is revealed in Sacred Scriptures, but also in ''the joys and the hopes, the griefs and the anxieties of the men [and women] of this age, especially those who are poor or in any way afflicted" (GS 1). Consecrated men and women, especially the missionaries who are engaged in mission at the frontiers of our faith and the margins of society, can be the "hearing aid" of the Church, as they endeavor to listen to the Word of God revea1ed particularly in the lives of people, in the searching of faith-seekers, in the cultural and religious traditions of peoples of other faiths, in the aspirations of the poor and marginalized.. As such, the consecrated life can contribute to making the Church a community that not only proclaims but also listens - "Dei Verbum audiens et proclamans".
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