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17/05/2011 «El reto del cristianismo es saber dialogar con la cultura de su tiempo»

«El reto del cristianismo es saber dialogar con la cultura de su tiempo» 17.05.11 - 00:22 - LAURA GARCÉS | VALENCIA. Aula LAS PROVINCIAS recibe hoy al teólogo Rafael Aguirre, autor del libro 'Así empezó el cristianismo' Rafael Aguirre Catedrático de la Universidad de Deusto «En el futuro, el cristianismo estará presente de una forma más libre, más auténtica» El teólogo Rafael Aguirre, catedrático de la Universidad de Deusto, presenta hoy en Aula LAS PROVINCIAS su obra: 'Así empezó el cristianismo'. Será a las ocho de la tarde en el Hotel Astoria. El libro, en el que participan varios profesores, responde a preguntas sobre los primeros cristianos y abre caminos para entender el cristianismo de hoy. Aguirre avanza algunas claves. -¿Hablar de cristianismo vende? -Sí, vende. El libro ha tenido mucho éxito. La primera edición se agotó. Jesús vende mucho, se publican muchísimos libros sobre cristianismo y no solo novelas de carácter histórico. En momentos de crisis, la vuelta a los orígenes del cristianismo me parece que es necesaria. -Afirma en su libro que en el nacimiento del cristianismo surgieron grupos con formas muy diferentes de entender a Jesús. ¿Estamos en una situación semejante o se impone una visión única? -El cristianismo en sus orígenes era más plural que el de la actualidad. Una de las cosas que nos enseñan los orígenes es la pluralidad de imágenes que tenían de Jesús. La unidad no hay que entenderla como uniformidad, la unidad no está reñida con la pluralidad. -El último capítulo habla de la mujer en el origen del cristianismo. ¿Tuvo más protagonismo la mujer entonces que ahora? -Sin duda. En las comunidades paulinas tuvieron un papel muy importante. En los Evangelios vemos cómo son las que están al pie de la cruz, pero pronto el cristianismo se fue acomodando a una sociedad patriarcal y el papel de la mujer fue quedando relegado. -¿Se le tendría que conceder hoy un papel más destacado? -Sí. El origen del cristianismo nos descubre posibilidades que habría que desarrollar. Hoy tiene que ser capaz de acomodarse a una cultura que está dejando de ser patriarcal; el cristiano debe saber adaptarse a esta sociedad y hacerlo sin recelos. -Pocos jóvenes van a las iglesias, ¿habrá cristianos en el futuro? -Creo que sí. Cambiarán muchas cosas; la cristiandad, la fe cristiana como una cultura que lo impregna todo, desaparece. Viviremos en una sociedad más plural, pero el cristianismo estará presente de forma más libre, más auténtica. Van a surgir expresiones del cristianismo en culturas muy distintas y tendremos que acostumbrarnos a que se exprese mediante formas no europeas. -La situación económica ha dejado a muchos sin trabajo, ¿ha sabido la Iglesia responder a las necesidades de estas circunstancias? -En este campo nunca se hace lo suficiente. Pero ya hace tiempo que la doctrina social está siendo muy crítica con los planteamientos capitalistas. Se están desarrollando instrumentos de ayuda y denuncia social muy eficientes, ahí está Cáritas. Además, si desapareciera la labor social de la Iglesia en el tercer mundo la catástrofe sería de dimensión incalculable. La Iglesia hace una labor encomiable. -En alguna entrevista ha afirmado que la Iglesia debe asumir la laicidad como algo propio. -Debe ver como algo propio y positivo una sociedad laica, en el sentido en que es libre y se respeta la expresividad religiosa. La Iglesia debe aceptarlo como algo positivo, es también la condición para que la fe cristiana se viva con libertad. -¿Cabría un partido confesional? -No, el Evangelio no se identifica con ningún proyecto político. Puede haber opciones con más o menos afinidades, pero pensar que un partido puede adecuarse al proyecto evangélico es imposible. -¿La Iglesia habla demasiado de catolicismo y poco de cristianismo? -Es posible en el sentido de que tiene que hablar menos de sí misma y más de Jesús. Pero no hay que contraponer los dos conceptos. El catolicismo en el sentido más antiguo de la palabra es universalismo. -Señala en su libro que los estudios sobre cristianismo están lastrados con frecuencia por el sensacionalismo, la agresividad beligerante y la apologética beata. -El fundamentalismo es la cerrazón mental; luego hay una apologética beligerante que no sabe dialogar y una actitud beata: un espiritualismo que no tiene los pies en la tierra. El reto del cristianismo es saber dialogar con la cultura de su tiempo, saber reformular su identidad con la de la cultura con la que convive. -Novelas críticas con el cristianismo y la Iglesia han tenido gran éxito. ¿Por qué tanta aceptación? -En nuestra sociedad, no es un secreto, la Iglesia tiene un problema importante de credibilidad, las razones son variadas. Hay cierta predisposición a aceptar visiones fantásticas sobre el cristianismo porque se desconfía de lo que se ha recibido a través de la Iglesia. Todo ello unido a una cierta incultura religiosa. La Iglesia tiene la obligación de recuperar la autoridad moral y dialogar con una cultura que se gesta al margen de instancias eclesiásticas. -¿Qué ingrediente pondría a la jerarquía eclesiástica española? -Haría falta una jerarquía en línea con el Concilio Vaticano II, con más capacidad de diálogo con la cultura contemporánea, con capacidad para presentar el cristianismo como algo que abre horizontes a la sociedad, capaz de escuchar y aprender de la evolución social. -¿De qué tendría que desprenderse? -De un aire impositivo. Debería saber presentarse más que como maestra de la humanidad, como hermana de una humanidad con la que comparte la historia. En un contexto de fraternidad, pero no desde arriba, con una postura que parece de superioridad y a veces causa rechazo. -¿Es necesario hablar de reliquias como la Sábana Santa o el Santo Cáliz, entre otras, para que la sociedad actual crea en Jesucristo? -No es necesario y muchas veces es contraproducente. La fe cristiana no se basa en esas cosas. El asunto es que el mensaje se haga llegar en términos adecuados. Más allá de que se tenga fe o no, el cristianismo es esencial para entender nuestra cultura. Muchas veces la Iglesia no acierta a presentar el mensaje evangélico.
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